sábado, 2 de julio de 2016

VERANO

            Ya hace días que llegó el verano, sin embargo parece que esto no es así hasta que julio hace acto de presencia. En Santa Pola se nota doblemente: el sol calienta más y el pueblo va siendo ocupado por los visitantes. La playa ya está llena de parasoles de vistosos colores, la mar se ofrece acogedora a quienes la buscan, y todo cambia en nuestros planteamientos, en nuestro modo de vida. Es verano, tiempo de relax… o no.
            Hoy, a mí me apetecía quedarme en casa, refugiado en mis libros, en mi ordenador, intentando poner en orden mis ideas. Miro hacia la calle, y pienso: qué lástima, me estoy perdiendo un hermoso día de sol. Pero recapacito y me digo: qué suerte. Poder estar con mis cosas, mis poesías… los recitales de mi grupo.
            El pasado jueves, Caminos dio carpetazo al curso. Todo se deja para septiembre. Pero el trabajo está hilvanado y ya hay tres recitales comprometidos. “La tribu del 27” va a suponer uno de los retos más difíciles a que nos hemos enfrentado hasta ahora. Son poesías complejas y, entenderlas, no está al alcance de todos. En su conjunto, sin embargo, hay tal contenido de palabras, de ideas… en definitiva: de poesía de altísima calidad, que para nosotros representa un auténtico privilegio no sólo recitarlas, sino sumergirnos en ellas, conocerlas y seguir aprendiendo.
            JORGE GUILLÉN  nos habla de la vida… y de la muerte. PEDRO SALINAS, como no podía ser de otra manera, nos habla del amor. Con GERARDO DIEGO navegamos el “Río Duero”. Y llegamos hasta VICENTE ALEIXANDRE con quien visitamos las profundidades del alma humana, en esa “Mina” ignota y profunda tan inaccesible como cercana: “Dejadme, sí, dejadme cavar, cavar sin tregua, / cavar hasta ese nido caliente o plumón tibio, / hasta esa carne dulce donde duermen los pájaros, / los amores de un día cuando el sol luce fuera”. Más adelante, LUIS CERNUDA nos muestra otro concepto del amor. Después nos reencontramos con FEDERICO GARCÍA LORCA. Ya hemos estado con él en otras ocasiones. Ahora, junto con “Alma ausente”, nos internamos por las calles nocturnas de Brooklyn en la “Ciudad sin sueño”. Y, así mismo, compartimos los personajes femeninos que tan bien supo definir, con la escena final de “Doña Rosita la soltera”, cuando la rosa de la vida se comienza a deshojar. Siguiendo este itinerario tan apasionante, nos encontramos con DAMASO ALONSO inmerso en un mundo en que los “Monstruos” todo lo devoran. Luego RAFAEL ALBERTI nos habla del mar. ERNESTINA DE CHAMPOURCIN pone la nota femenina con sus poemas de amor, llenos de sensibilidad. Y se cierra el recital con MIGUEL HERNÁNDEZ recordando a Aleixandre y Lorca. Los textos narrativos son de FRANCISCO UMBRAL, y el vídeo de presentación, donde se glosa la extraordinaria labor de las Misiones Pedagógicas, ha estado realizado por nuestro director ANTONIO VICENTE CHINCHILLA.

            Recordar todo esto, aun haciéndolo de un modo tan superficial, ciertamente me emociona. He mencionado los poetas con los que estamos trabajando, y algunas de las poesías escogidas, pero no todas por no alargarme demasiado. Es un recital hermoso, con el que sin duda vamos a crecer. Es un recital por el que merece la pena perderse este día de julio, lleno de sol y de bañistas. Porque también se crece hacia adentro, como crece la mar. ¿Veis qué hermosa es? Hasta las piedras de la cala contribuyen a adornarla. Así es también la poesía: eterna e inmensa como la mar.

sábado, 14 de mayo de 2016

HA MUERTO UN AMIGO, SE HA ROTO UN PAISAJE

            El pasado martes, 10 de mayo de 2016, murió ANTONIO GARCÍA. Y ya nada es igual en la Asociación Cultural Caminos. Como en las ciudades, o en cualquier rincón, da igual si transitado o recóndito, si desaparece un árbol o un edificio o una seña emblemática que lo caracterizara, el paisaje se rompe, como se rompe el alma de quienes añoraran la presencia de lo que ya nunca estará allí. Antonio se fue discretamente, del mismo modo que vivió con nosotros. Y con nosotros estuvo desde el principio, y aun antes. Él nunca recitó ni hizo teatro, ¿qué pintaba, pues, en este grupo? Sin embargo nunca desentonó, y cuando acudíamos a un ensayo, si no estaba, se notaba su ausencia. Nunca dirigió un recital, pero estaba allí, no para brillar deslumbrando a nadie, sino para ayudar tan discretamente que apenas se notaba, pero era hermoso verlo involucrarse, sentirse parte de cada proyecto, ser uno más con quien se podía contar para lo que hiciera falta. Finalmente fue “el técnico”, sin importar demasiado qué hiciera ni cómo lo hiciera. Hay un montón de anécdotas que se podrían contar, pero esto queda en el recuerdo personal de cada uno, para provocarnos al evocarlas una sonrisa de añoranza. Han sido las vivencias en su conjunto lo realmente importante, las emociones que en estos años hemos compartido. Yo sé que él vivió cada recital, cada avatar de esta asociación, como algo propio, quizás con más intensidad que otros que asumíamos un papel actoral. Y me consta porque lo hablé con él, y me siento orgulloso y muy afortunado por haber merecido su amistad y por no tener que buscar ahora palabras huecas para llenar este espacio. No es preciso. Sólo poner el recuerdo real es suficiente.
            En su funeral, en la Basílica de Santa María, intentamos recitar la Elegía, de Miguel Hernández, pero el sacerdote no lo permitió. Da igual –pensamos- pero no es cierto: no da igual. Antonio ya no podría escucharla, es cierto, pero se merecía ese pequeño homenaje que en otras circunstancias seguro que le hubiera entusiasmado y emocionado. Una vez más, topamos con la iglesia. Esta muestra de intransigencia, sin embargo, la dejamos a un lado –no olvidada sino aparcada- para centrarnos en nuestro personal y particular adiós al amigo que nos ha dejado ahora un paisaje incompleto. Nos queda, eso sí, el saber que nunca morirá del todo mientras nosotros vivamos, que siempre habrá en nuestro grupo, un espacio para él. Y le digo hasta luego ahora con unas palabras de Miguel Hernández que estoy seguro que podríamos compartir, y que honestamente nadie puede prohibirme que diga:

“A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero”.

viernes, 26 de junio de 2015

MIGUEL HERNÁNDEZ: ¿LAS CLAVES DE UNA IGNOMINIA?


            Ayer, 25 de junio, en el salón de actos de Radio Elche SER, asistí a una conferencia impartida por Francisco Escudero, Gestor del Legado de Miguel Hernández y –al parecer- artífice del Museo Miguel Hernández-Josefina Manresa que recientemente ha abierto sus puertas en Quesada (Jaén). Asistí a esta conferencia con una opinión relativamente sólida de qué es lo que había ocurrido hace unos años, y que acabó con la salida de Elche, por la puerta de atrás, del Legado del poeta que Josefina Manresa había confiado a las autoridades de esta ciudad. Todo lo que escuché en la conferencia sirvió para corroborar la opinión que yo tenía formada al respecto: hubo un brazo ejecutor que propició el destierro –la nueva condena- de Miguel Hernández. Sin duda, ese brazo ejecutor corresponde al equipo de gobierno del Partido Popular comandado por la, hasta hace unos días, alcaldesa de Elche, Mercedes Alonso y al gestor de Cultura Pablo Ruz. Pero, ¿sólo ellos son los culpables de esta ignominia? Ahí empiezan a surgirme dudas, y es por lo que pongo el título de esta reflexión entre interrogantes.
            Como en el argumento de cualquier obra de teatro, que Miguel Hernández entendería muy bien, en este guión aparecen varios personajes, protagonistas unos y secundarios otros. Hay un triunvirato formado por PSOE, PP, y Familiares del Poeta, que son los protagonistas directos de la trama. Luego hay un coro de secundarios, algunos con más protagonismo que otros pero que, en cualquier caso, se encuentran situados entre el pueblo, que participa en la representación al socaire de las indicaciones de los protagonistas-directores, sin entender a ciencia cierta su papel, dejándose llevar por las opiniones interesadas que les llegan, sin analizarlas en ningún caso, en un estado letárgico que permite ser manejado sin problemas. Qué se negoció en las tres bandas protagonistas, creo que no lo sabremos nunca. En aquellos momentos el PSOE lamía sus heridas después de una derrota electoral. El PP saboreaba las mieles de su triunfo y aprovechó ese momento para sacar, de entre sus más bajos instintos, el de la revancha. ¿Y qué mejor revancha que expulsar de la ciudad cualquier indicio de un poeta “rojo”? Si esto fue así, y parece que así fue, el error es tan grave que habría que pedir responsabilidades a los responsables de él. Porque no fue un error, sino un flagrante atentado contra la cultura y contra toda la ciudad de Elche, que se ha visto privada de la presencia del Legado de un poeta cuya fama no tiene parangón. Miguel Hernández es un genio reconocido ya en todo el mundo, y Elche pudo ser una de sus estaciones, una de sus principales sedes. Algo que ya no tiene remedio.
            Y el tercer actor: la Familia del poeta, ¿qué papel jugó? Ésta es la incógnita que menos clara tengo. Sólo sé lo que ha publicado la prensa. Ayer el Gestor dijo que a la Familia no se le permitió negociar. A la pregunta de si trataron de sacar tajada económica, dijo que “rotundamente no”. Metidos en la vorágine de dos partidos políticos enzarzados en peleas barriobajeras, alejados, uno y otro, de la realidad, ignoro cuál fue el papel de la Familia. En cualquier caso, eso sí, ellos han propiciado la salida de Elche del Legado. Si tenían otras opciones o si jugaban otras cartas no sé si lo llegaremos a saber algún día.
            Ayer, al final de la conferencia, habló el nuevo alcalde de Elche, el socialista Carlos González. Manifestó que estuvo hace unos meses en Quesada, asistiendo al montaje del museo, y que se le saltaron las lágrimas viendo lo que había perdido su ciudad. No pude evitar que me vinieran a la memoria las palabras que dijo la madre al rey moro, cuando perdió Granada: “Llora como una mujer lo que no has sabido defender como un hombre”. Carlos González, creo recordar, era Diputado en las Cortes de España. Imagino que algo pudo hacer y no hizo. Le conozco y sé que es buena gente. Tal vez no pudo hacer nada. O tal vez no le dejaron hacer. Ésta es otra incógnita. Pero lo realmente cierto en todo esto, la única conclusión a que se puede llegar sin temor a equivocarse, es que del papel jugado por todos, el resultado ha sido el más vergonzante desahucio producido en esta ciudad, precisamente cuando la palabra desahucio está más de moda. Y nadie, al parecer, hizo nada al respecto. La Cadena SER, que no ha emitido ninguna opinión, que yo sepa, organiza esta conferencia unas semanas después de las elecciones locales, precisamente cuando el PP desaloja la alcaldía de Elche. ¿Qué quieren que les diga? Me parece algo más que una casualidad. El Gestor Cultural, Francisco Escudero, según la prensa de hoy mismo, dicen que suena como nuevo Coordinador de Cultura en el Ayuntamiento de Elche. Otra casualidad. ¿Y las demás entidades que tampoco dijeron nada en su día? Siempre me ha dolido el silencio de la Universidad Miguel Hernández, no lo puedo remediar. Ahora hay otras entidades que se rasgan las vestiduras, y ponen dinero, para salvar a un icono de la ciudad: el Elche C.F., pero, claro, esa es otra historia.

            El menos perjudicado en esta trama, sin duda, ha sido el poeta. Su nombre se ha visto reforzado. Lo han recibido allí donde lo estiman y cuidan. El peso de la ignominia contra él tramada, las consecuencias del pecado, recaen sobre el pecador, a fin de cuentas la ciudad de Elche. Y esto ya no tiene remedio. Nos queda, como a Carlos González, la vergonzante opción de llorar la pérdida que no hemos sabido defender. A falta de coraje, lágrimas.

lunes, 23 de marzo de 2015

EL PASTOR Y LOS OLIVOS

 ¡Qué abismo entre el olivo
 y el hombre se descubre!
 (Miguel Hernández. Canción Primera)

            Nació pastor. ¿Nació poeta? Tal vez ambas cosas, si es que, cuando nacemos, lo hacemos con un certificado de aptitudes. En cualquier caso, Miguel Hernández, ya desde niño, comenzó siendo pastor y sintiéndose poeta. Alto soy de mirar a las palmeras, / rudo de convivir con las montañas… Quiero imaginar que es posible que el contacto con la naturaleza, le aportara una dosis importante de sensibilidad que, luego –o al mismo tiempo- le ayudó a desarrollar sus cualidades poéticas.
            La vida de Miguel fue corta, excesivamente corta, dramáticamente corta, injustamente  corta… Pero el camino recorrido, sin embargo, fue largo, intenso, vivido a borbotones para que diera tiempo a saborear cada suspiro. Su biografía quedó escrita en verso. Cada frase de sus poemas es un pasaje de su vida. Para entenderle no es necesario leer grandes volúmenes: basta con seguir sus versos y ver en ellos los paisajes, los amores, las alegrías, los inmensos sufrimientos… la vida… hasta la amargura final.
            El pastor dejó el rebaño y sus paisajes de Orihuela para potenciar su poesía en Madrid, donde intuía que podía encontrar apoyos. No fue fácil el camino. Primeramente regresó desilusionado, afirmándose en la aldea: Lo que tenga que venir, aquí lo espero, / cultivando el romero y la pobreza… Pero prevaleció la fuerza de su carácter, y regresó y luchó hasta conseguir unir su nombre a los de la generación más gloriosa de la poesía española, la conocida como Generación del 27. Prevalecía en Miguel Hernández la fuerza de un rayo, que le otorgaba vigor y confianza y una innata facultad creativa: Este rayo ni cesa ni se agota: / de mí mismo tomó su procedencia / y ejercita en mí mismo sus furores… Sin esa facultad creativa que alimentaba el rayo, no podría aceptarse la existencia de una obra tan extensa realizada en una vida tan corta y llena de desgracias.
            La vida alejó a Miguel de las palmeras y los limoneros, y lo orientó hacia el camino de los olivos. Los avatares de la guerra llevaron al poeta pastor hasta Andalucía y condujeron su poesía hacia símbolos allí establecidos, pero que la propia naturaleza le brindaba. Nieto del ruiseñor y de la oliva –dijo de Federico García Lorca. Y a las andaluzas les dijo: Parid y llevad ligeras / hijos a los batallones, / aceituna a las trincheras / y pólvora a los cañones.
            En estos poemas hablaba del fruto del olivo, pero fue en Jaén donde el árbol se convirtió en protagonista, en el actor principal de una contienda en la que, quienes le cuidaban, no eran sus dueños, sino los más represaliados, los más pobres, a los que era necesario concienciar ante una relación de manifiesta injusticia: Andaluces de Jaén, / aceituneros altivos, / decidme en el alma: ¿quién, / quién levantó los olivos? Se trataba de una pregunta retórica dirigida, no a los grandes terratenientes que seguramente ni siquiera vivían allí, sino a las personas del pueblo llano que regaban la tierra con su sudor: No los levantó la nada, / ni el dinero, ni el señor, / sino la tierra callada, / el trabajo y el sudor. Junto con las otras fuerzas de la naturaleza: Unidos al agua pura / y a los planetas unidos, / los tres dieron la hermosura / de los troncos retorcidos. El agua, el Sol y el trabajo del hombre hicieron el milagro que Miguel Hernández convirtió en poema y que hoy ha sido justamente elevado a la categoría de himno.
            Es éste un poema en donde se establece una conversación vibrante entre los protagonistas: los hombres, el árbol y el poeta: Levántate, olivo cano, / dijeron al pie del viento. / Y el olivo alzó una mano / poderosa de cimiento. A lo largo del poema la conversación sigue, concienciando a los dos principales actores: hombre y árbol, de su propia importancia, incitándoles a la rebelión necesaria para que su dignidad fuera reconocida: Jaén, levántate brava, / sobre tus piedras lunares, / no vayas a ser esclava / con todos tus olivares. Finalmente se aspira a un premio. Es la utopía que mueve a los hombres de bien a entregarse por ella. Vivir por ella. Por ella morir, si es preciso: la Libertad. Dentro de la claridad / del aceite y sus aromas, / indican tu libertad / la libertad de tus lomas.
            Éste fue uno de los itinerarios más significativos que ilustraron la vida del poeta pastor. Su calvario no terminó al acabar su vida, desgraciadamente aún sigue. Su legado sufrió el escarnio del desprecio en el lugar donde su familia lo había depositado. Suerte que llegó Jaén y lo supo recuperar, para bien de todos los que aman la poesía. Andaluces de Jaén: un himno para la historia. Un alegato a la dignidad. Un merecido reconocimiento al poeta pastor que apostó su vida por una utopía. Miguel Hernández murió, pero su ingente obra nos enseña que la utopía sigue siendo posible. Jaén es el ejemplo.
(/Publicado en el libro "Escritores Aceituneros". Instituto de Estudios Gienenses. Diputación de Jaén. 2015).

martes, 10 de marzo de 2015

MEDITERRÁNEO - Joan Manuel Serrat


La Asociación Cultural Caminos, en sus casi siete años de existencia, ha tenido la oportunidad de conocer y gozar de un buen número de poesías escritas en diferentes épocas. Podríamos decir que hemos caminado desde José Zorrilla hasta Joaquín Sabina, deteniéndonos un poco más en Miguel Hernández (con quien comenzamos), Mario Benedetti y Federico García Lorca. Cada autor en particular y cada poema en general, han supuesto para nosotros un enriquecimiento de nuestro nivel cultural y el goce de una nueva aventura, de superar otro reto, de nutrir el palmarés que alimenta nuestra autoestima.

De cara al año 2015 nos planteamos un proyecto ilusionante, lleno de dificultades y,  por eso mismo, doblemente atractivo. Se trata de recitar a un poeta de nuestro tiempo, a un poeta vivo y que, por su condición de cantautor, es conocido y sumamente admirado por el público. Hablo de Joan Manuel Serrat, el poeta que, desde muy joven, ya escribía palabras de amor.

Paraules d’amor senzilles i tendres.
No en sabíem més, teníem quize anys.
No havíem tingut massa temps per aprendre’n,
tot just despertàvem del son dels infants.

JOAN MANUEL SERRAT i TERESA nació en Barcelona, en el barrio de Poble Sec, en el año de 1943. Su carrera ha sido fulgurante, pero sumamente trabajada. El éxito que hoy comprobamos es fruto de un carácter tenaz y comprometido, siempre dispuesto a superar dificultades. Sufrió los efectos de la censura del dictador Franco, e incluso el exilio. Pero, como buen poeta, todo lo tradujo en letras para ser cantadas y que ahora, nosotros, pretendemos recitar. Ahora que aún podemos.

Fa vint anys que dic que fa vint anys que tinc vint anys
i encara tinc força,
i no tinc l’ànima morta
i en sento bullir la sang.
I encara em sento capaç
de cantar si un alte canta.
Avui que encara tinc veu
i encara puc creure en déus.

No ha sido fácil escoger veintidós poemas de entre un repertorio muy amplio y rico en matices. Siempre nos quedará la duda de que no nos habremos dejado fuera el mejor. Pero, ¿cómo calificar el mejor poema? ¿Es el que cuenta su niñez, su primer amor? ¿El que habla del pueblo, de las musas, de los locos bajitos, de la fiesta? Al final, en todos ellos hay un trozo del alma del poeta. Están sus sentimientos, sus vivencias, sus esperanzas. En todos ellos está Joan Manuel Serrat y, es por eso que todos son importantes. En realidad es el público quien puntúa si despierta su empatía, si se sienten reflejados en un poema de amor, en las calles de un pueblo, en el polvo de un camino. Es por eso que, entre tanta variedad de matices, los versos de Serrat encuentran siempre un destino. O muchos destinos. Porque sus versos son ya patrimonio del pueblo. De ahí nace nuestro orgullo de poderlos recitar.

Y a mí enterradme sin duelo
entre la playa y el cielo...
en la ladera de un monte,
más alto que el horizonte,
quiero tener buena vista.
Mi cuerpo será camino,
le daré verde a los pinos
y amarillo a la genista.

Cerca del mar, porque yo
nací en el mediterráneo.


(Publicado en la revista CAMINOS. N.º 1 - Marzo de 2015).

jueves, 5 de marzo de 2015

LA CULTURA DEL MIEDO

            Vivir con miedo es una forma como otra de vivir –o de soportar la vida-. Al comienzo de esta crisis que ha golpeado y sigue golpeando a los más débiles, más que asustarnos –que también-, intentaron y en buena parte consiguieron que nos sintiéramos culpables: habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades y, en consecuencia, era nuestro deber soportar el peso de tan grave falta y cargar con sus secuelas. De no hacerlo, un porvenir sombrío se abatía sobre nosotros. Los fantasmas del miedo comenzaron a pulular de casa en casa, de mente en mente. Y así se consiguió hacer lógico lo ilógico. Escuché a un filósofo opinar sobre esto. Él decía que cuando nos amenazan con una gran desgracia, si ésta luego no es tan grande, respiramos aliviados. No era para tanto, decimos, sin caer en la cuenta de que simplemente nos hemos conformado con una desgracia menor, que no deja por eso de ser desgracia. Para paliar los enormes agujeros, no sé si negros, dejados por la corrupción, la ambición desmedida, o simplemente la incompetencia de un buen número de políticos y banqueros, la solución que el mercado ha dictado han sido los recortes. Pero no recortes a las grandes fortunas, que han seguido y siguen creciendo más que antes, sino a las capas medias y bajas de la sociedad. Los servicios públicos han cargado con el peso de la deuda. La sanidad, la educación, y en general la cultura se han visto castigados hasta hacer sangrar su herida. No nos merecíamos lo que teníamos, nos dicen, mientras dedican miles de millones para reflotar bancos corruptos. Y así, quienes desde la base queremos hacer y gozar de la cultura, nos vemos obligados a retroceder medio siglo.
            Hace alrededor de cincuenta años no existían los Centros Sociales ni las Casas de Cultura, tal y como los conocemos ahora. Entonces nos organizábamos en grupos de amigos y nos acercábamos al único estamento legal al que podíamos hacerlo: las iglesias. En ellas, si teníamos la suerte de que nos recibiera un sacerdote relativamente progresista, podíamos hacer teatro, recitar poesías, cine fórum, lectura de libros, etc. Así conocí, por ejemplo, a Miguel Hernández, leyendo a escondidas sus libros prohibidos por la ley. Eran unas condiciones precarias que no estaban alimentadas por ninguna crisis económica, sino por la ley franquista: una ley férrea merced a la cual la cultura era subversiva. Convivimos con aquello, y lo superamos, y con el esfuerzo de todos, se intentó poner a la cultura en el espacio justo para que pudiera ser un bien al servicio del pueblo. ¿Era pedir demasiado? ¿Qué puede esperarse de un pueblo inculto? ¿Cómo puede avanzar, en libertad, una sociedad en que la cultura se sirve con cartilla de racionamiento o está al servicio de las élites dominantes?
            En este momento la cultura, sin duda, está siendo secuestrada y puesta al servicio de unos extraños entes que nadie conocemos, pero que les llaman mercados. Ellos nos gobiernan y nos dejan caer, generosamente, las migajas con las que nos conforman. Cuando un grupo, humilde como Caminos, pretende presentar un recital, nos avergüenza pedir nada a cambio. Para qué pedirlo si no nos lo van a dar. ¿Publicidad?: que va, la pagamos nosotros. ¿Un simple aperitivo después de la función?: ¡no hay presupuesto para esas cosas!... Y así sucesivamente. Y con todo lo que nos cuentan, resulta que hasta lo vemos lógico: estamos en crisis. Y los pobres son cada día más pobres. Y los ricos son cada día más ricos. Y la cultura, como dije antes permanece secuestrada. El legado de Miguel Hernández fue expulsado de Elche. No hubo multitudinarias protestas ni manifestaciones. Se presentó bajo el razonamiento lógico de que no se podía mantener. No había dinero para ello. ¿Es la cultura un bien medible en dinero?
            Yo cada vez entiendo menos cosas, y por lo tanto no me siento capacitado para dar opiniones que importen a nadie. Pero recuerdo a León Felipe, que sin duda sabía más que yo, y que escribió estos versos que hoy rezuman verdad y actualidad.

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre...
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.



Ahora, con los recortes a la cultura, pretenden dormirnos con cuentos, porque no hay nadie más propenso a creerlos que un ser inculto. La cultura es un alimento al que no podemos ni debemos renunciar. Aunque tengamos que acceder a ella con cuentagotas. Ellos, creo que desconocen el potencial que tiene. Aunque sea volviendo a las catacumbas de hace cincuenta años, la cultura prevalecerá. Ayudar a ello es nuestra obligación y nuestro derecho.

(Publicado en la revista CAMINOS - N.º 1 - Marzo 2015).

miércoles, 29 de octubre de 2014

¿DÓNDE ESTÁ LA POESÍA?


¿Dónde está la poesía?

En un país donde la pobreza amenaza a millones de familias, en tanto que la corrupción enriquece a quienes deberían servir a la sociedad, parece obsceno hablar de poesía cuando lo justo tal vez fuera hablar de revolución. Este es el espejo en que nos miramos, el paisaje que nos rodea, la realidad en la que vivimos. Y sin embargo, viendo otras realidades con las que compartimos planeta, todavía tenemos razones para sentirnos privilegiados, sobre todo los que aún podemos comer y adaptamos nuestra existencia al lodazal en que ésta discurre. Esto, sin embargo, no justifica el conformismo ni la sumisión a ultranza. Así, en este mundo regido por las contradicciones, las negaciones de derechos, el rechazo a las obligaciones, pienso que estamos obligados de algún modo a reivindicar lo justo, lo honrado, lo cabal. Porque sin ello nada tiene sentido. Nuestro paso –fugaz- por el mundo no tiene razón de ser si la inteligencia sólo se usa en beneficio propio, abonando ese beneficio con el dolor ajeno.

Escribió Miguel Hernández:

Será la tierra un denso corazón desolado,
si vosotros, naciones, hombres, mundos,
con mi pueblo del todo
y vuestro pueblo encima del costado,
no quebráis los colmillos iracundos.

Dije al principio que puede parecer obsceno hablar de poesía. Pero no, no lo es. Porque hasta en los estercoleros crecen flores que muestran que otro modo de vida es posible, que la belleza existe aunque la inmundicia trate de ocultarla –o de apropiársela-. El poeta, en las condiciones más adversas alza su voz, y la palabra, como la flor, evidencia la verdad, denuncia la injusticia y avanza libre hasta que es arrancada de cuajo.

Un porvenir de polvo se avecina,
se avecina un suceso
en que no quedará ninguna cosa:
ni piedra sobre piedra ni hueso sobre hueso.

Mañana, día 30 de octubre, es el aniversario del nacimiento del poeta MIGUEL HERNÁNDEZ, cuya corta vida –poco más de treinta años- no fue obstáculo para que nos legara un caudal enorme de flores, de bellezas, de sentimientos. Él, y otros como él, son el testimonio de que algo bueno tendremos si somos capaces de verlo y de cuidarlo. Miguel Hernández, poeta prácticamente desde niño y que murió casi sin pasar de la adolescencia escribió acerca de sueños y amores hasta verse atropellado por la tragedia. Entonces escribió de penas, de angustia y de dolor, hasta que la angustia y el dolor lo devoraron.

Cardos y penas llevo por corona,
Cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.
No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y de cardos…
¡cuánto penar para morirse uno!

Por encima de la miseria que trata de rodearnos y de envilecernos, reivindiquemos la existencia de la poesía y su poder vivificador, su denuncia, su fuerza, su belleza. Si lo hacemos seremos más libres, más humanos: mejores.


MIGUEL HERNÁNDEZ GILABERT (Orihuela, 30 de octubre de 1910 – Cárcel de Alicante, 28 de marzo de 1942).