martes, 28 de octubre de 2008

Gustavo Adolfo Bécquer

Dentro de las habituales contradicciones de nuestro modo de ser, unas veces asumimos la ternura y el romanticismo como un sentimiento ideal; otras veces parece que nos avergonzamos de ello, como si fuera esto una muestra de debilidad o un sentimiento viejo y trasnochado. Es cierto, sin embargo, que el romanticismo existe y que tal vez sea uno de los sentimientos más nobles que podemos experimentar. Gracias a él, idealizamos a la persona amada y nos sentimos completamente integrados a ella. Si el amor romántico es puro y correspondido, eleva el alma hasta cotas antes insospechadas y, por supuesto, hace aflorar las virtudes del mismo modo que ayuda a superar otras carencias. El mundo, en estas condiciones es más amable, más amenos, más soportable. Es, sin duda, mejor.

Para expresar este sentimiento con palabras -si es que con palabras se pueden expresar los sentimientos- nadie hay mejor que los poetas. Sólo ellos, con sus metáforas, son capaces de hallar la palabra exacta que exprese amor -o desamor-. Entre otros, Alberti y Neruda han dejado un amplio bagaje de poesía romántica. Pero creo que nadie ha profundizado tanto en el sentimiento más puro, como Gustavo Adolfo Bécquer. Un poeta de vida corta (34 años) cuyos versos nos han acompañado siempre en los momentos más dulces de nuestra adolescencia y que siguen estando presentes cada vez que un sentimiento de ternura nos afecta.

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquéllas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquéllas que aprendieron nuestros nombres...
ésas... ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.

Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
ésas... ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido... desengáñate,
nadie así te amará.

Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, conocido como Gustavo Adolfo Bécquer, nació en Sevilla el 17 de Febrero de 1836 y murió en Madrid el 22 de Diciembre de 1870. Aunque lo que más conocemos de él son sus rimas, su producción literaria abarca muchas otras facetas: escribió en revistas, publicó libros y escribió, así mismo, comedias e incluso alguna zarzuela. Su vida fue azarosa y, como hemos dicho, corta, demasiado corta. En Wikipedia, de donde he sacado la fotografía, puede verse una buena biografia, para quien tenga la curiosidad de conocerle mejor. Creo que merece la pena.

martes, 14 de octubre de 2008

VOLVER



Falta justamente una semana para que nos reincorporemos a la universidad. Otra vez, la imagen del poeta, con los brazos abiertos y "alto de mirar a las palmeras", nos va a recibir y a brindarnos la posibilidad de acceder hacia caminos de cultura, de convivencia y de amistad. Quienes iniciamos el segundo curso -por lo que yo sé y por lo que yo siento- estoy seguro de que lo haremos con un talante diferente al año anterior. Ahora ya nos conocemos todos. Los fantasmas de la timidez y el miedo, que son alimentados por el desconocimiento del medio, han desaparecido. A la experiencia de nuestros años de vida, hemos de añadirle la experiencia acumulada en el curso anterior. A lo aprendido en las diferentes clases y seminarios, es necesario añadir el magnífico resultado que para un gran número de nosotros supuso el recital de poesías "Me llamo barro", en el que, además de conocer mejor a Miguel Hernández -nuestro poeta- nos conocimos mejor a nosotros mismos, supimos que éramos capaces de hacer "algo más" y -sobre todo- no marcamos un límite, sino un inicio. De tal modo que este año llegamos ansiosos por continuar, por seguir avanzando. Y esperanzados en que la entidad -"nuestra" universidad- nos siga abriendo puertas en todos los sentidos, ya que nosotros estamos dispuestos a entrar por ellas.

Volvemos también con una pequeña -o no tan pequeña- preocupación. Sabemos que aún podemos ser útiles a la sociedad en muchos aspectos. Por eso, no acabamos de entender que se nos ofrezca un caramelo en forma de curso que sólo dura dos años de ocho meses y que luego queda en poco menos de nada. La institución debería plantearse este problema. Mientras las Aulas de la Experiencia están activas, se aprovecha a sus integrantes para que, con su presencia, apoyen otros eventos -importantes, sin duda- de los que los estudiantes jóvenes parecen huir, a pesar de los créditos que se les ofrecen a cambio de su asistencia. Y es que "los estudiantes" de las Aulas de la Experiencia acudimos con hambre de aprender y vocación de servir. No es de recibo que se nos diga que podemos empezar de nuevo el curso tantas veces como sea necesario. No vamos a la universidad para "estar". Los cursos deberían ser más extensos y con otros objetivos. Y, al resto de actividades, entre las que incluimos nuestros recitales, habría que darles la importancia y el apoyo que requieren y -sobre todo- garantizar su continuidad.

Con nuestras inquietudes y nuestras esperanzas, el próximo martes, 21 de octubre, volvemos a la universidad, donde todavía, en los pasillos y en las aulas, podrán oírse los ecos de nuestras voces -tal vez inseguras, al ser nuestra primera vez- recordando los versos que escribió Miguel Hernández, el poeta que da nombre y prestigio a nuestra universidad:

Por una senda van los hortelanos,
que es la sagrada hora del regreso,
con la sangre injuriada por el peso
de inviernos, primaveras y veranos.

Vienen de los esfuerzos sobrehumanos
y van a la canción, y van al beso,
y van dejando por el aire impreso
un olor de herramientas y de manos.

Por otra senda yo, por otra senda
que no conduce al beso aunque es la hora,
sino que merodea sin destino.

Bajo su frente trágica y tremenda,
un toro solo en la ribera llora
olvidando que es toro y masculino.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Carlos Cano


Granada, 28 de enero de 1946 - 19 de diciembre de 2000.

Aunque las personas tenemos la facultad de expresar lo que sentimos ante cualquier situación, lo cierto es que, en general, casi siempre en nuestra opinión se refleja nuestro origen, esas raíces que nos vienen dadas por la historia que nuestros antepasados nos legaron y de la que hemos pasado a formar parte. Todo esto salvo excepciones, que también las hay. En este sentido, Carlos Cano fue un hombre como los que a mí me gustan: consecuente con sus orígenes. Y fue, por esto mismo, un poeta como los que a mí me gustan -independientemente de la calidad de su poesía-: todo emoción, todo militancia, todo entrega a un sueño de Paz y Libertad y Cultura. Y además, desprovisto de esa carga de dependencia que supone tener el carnet de un partido político.

"Ser andaluz, es una manera de vivir, más que una forma de ser", manifestó para describir su propia ideología. Cultivó estilos tradicionales, como el fado, pero, fundamentalmente, la copla andaluza, a la que situó en la modernidad librándola de su apropiación por el franquismo. Pensaba que la fe en la copla mueve montañas, y a esta tarea se entregó en cuerpo y alma... hasta que el cuerpo le falló y quedó varado poco antes de la Navidad del año 2000.

Fue emigrante en su juventud, ganándose la vida como mozo de hotel en Suiza, trabajando en Alemania en la imprenta del Der Spiegel, como marinero en el puerto de Rotterdam, y como albañil en Barcelona. Optó por ser cantante mientras estudiaba en la universidad. Animado por Lluís Llach y Enrique Morente comenzó a cantar en la universidad con voz trémula y memoria republicana, alimentada por el recuerdo de su abuelo, que fue fusilado al final de la guerra civil.

En 1972, invitado por la UNESCO, participa en un homenaje a Federico García Lorca, que se celebró en París. Por su asistencia a este acto, el entonces alcalde de Madrid, Carlos Arias Navarro (también conocido como el carnicero de Málaga) le declaró "persona non grata".

Además de la copla andaluza que siempre defendió y dignificó, Carlos Cano supo situarse siempre en defensa de la libertad y junto a los más débiles. Su postura fue clara, sin ambages, expresada siempre con esa libertad crítica que otorga el ser consecuente con una ideología que no se alinea con ningún partido, que no se hipoteca por un voto o por una ambición de poder. Y escribió y cantó canciones como este "Tango de las Madres Locas", que dedicó a las Madres que, en Buenos Aires, salían cada jueves a reivindicar que les devolvieran a sus hijos, secuestrados y desparecidos por la dictadura militar. "Con vida se los llevaron, y con vida los queremos".

(La fotografía y algunos datos biográficos, los he obtenido de: http://www.audiokat.com/, así como de Wikipedia).

TANGO DE LAS MADRES LOCAS

Todos los jueves del año
a las once la mañana,
junto a la Plaza de Mayo,
con lluvia frío o calor,
te esperaré vida mía
frente a la Casa Rosada,
la espina de tu mirada
clavada en mi corazón.


Me dicen que no te fuiste,
mi bien, que te desaparecieron,
que te vieron en la cuneta,
cantando el «Yira» de Carlos Gardel,
que de pronto te esfumaste,
que te borraron del mapa,
que ni siquiera naciste,
que medio loca mamá te inventó.


Con Malvinas o sin Malvinas
grito tu nombre por las esquinas
mientras que los generales
se dan al tango por los portales.
Tango de las madres locas.
Coplas de amor y silencio.
Con vida se los llevaron
y con vida los queremos.


Con Malvinas o sin Malvinas.
¿Dónde está Pedro? ¿Dónde está Lydia?
Con Malvinas o sin Malvinas
grito tu nombre por las esquinas.


Cada vez que dicen: patria,
pienso en el pueblo y me pongo a temblar
en las miserias que vienen
y en los fantasmas de la soledad.
Petronila, ¿qué te hicieron?
¡qué mala cara tenés!
-La que me dejó Videla
-A mí Galtieri, ya ves...


Con Malvinas o sin Malvinas
grito tu nombre por las esquinas
mientras que los generales
se dan al tango por los portales.
Tango de las madres locas.
Coplas de amor y silencio.
Con vida se los llevaron
y con vida los queremos.

martes, 26 de agosto de 2008

Hablemos de José Hernández


Por BETTY OREGGIA

"Por asimilación, sinó por la cuna, soy hijo de gaucho, hermano de gaucho, y he sido gaucho. He vivido años en campamentos, en los desiertos y en los bosques, viéndolos padecer, pelear y morir; abnegados, sufridos, humildes, desinteresados y heroicos".
(José Hernández, 1881).

Había una vez, un día……..y así como en los cuentos, comencé a vivir una hermosa experiencia, la de concurrir a Las Aulas de la Experiencia en la UMH, era una materia pendiente, de esas que te quedan en la vida, después de mucho andar, llegué con curiosidad, ansiedad, un poco de todo, y de a poco, fui insertándome en un grupo al que hoy no quisiera dejar de compartir nunca, lo mejor comenzó cuando se dicidió intentar hacer el homenaje a Miguel Hernández, allí hubo más cohesión de grupo.

Y ahora resulta que tenemos un blog, donde poder expresarnos, compartir lo que queramos, seguir juntos de alguna manera, leer los textos hechos por compañeros, me fue gratificante, descubrir potencialidades en ellos, lo es más aún….como dice la mamá de Forest en su película: “la vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te toca”, y… a mí, con esto que les cuento me tocó el bombón, de los que me gusta.

Para intervenir en este el blog del grupo Luná, como me agrada llamarlo, elegí algo de mi patria, Argentina, así hacemos un poco de intercambio, se trata de un escritor, nacido en Buenos Aires, poeta, político, pensador, recopilador de la sabiduría popular, periodista: José Hernández, cuya mejor obra fue MARTIN FIERRO, considerado la mayor expresión de la literatura argentina; así como en España está El Quijote, libro que es motivo de estudios en las escuelas de mi tierra.
José Hernández cuenta en su libro la vida del gaucho de las pampas, sus penurias, su sacrificio, la sabiduría que va adquieriendo de la vida misma, así nacen unos los sabios consejos que les hace a sus hijos, los cuales paso a transcribir.

CONSEJOS DE MARTIN FIERRO A SUS HIJOS

Un padre que da consejos,
Más que padre es un amigo.
Ansí, como tal les digo
Que vivan con precaución:
Naides sabe en qué rincón
Se oculta el que es su enemigo.

Yo nunca tuve otra escuela
Que una vida desgraciada.
No estrañen si en la jugada
Alguna vez me equivoco,
Pues debe saber muy poco
Aquel que no aprendió nada.

Hay hombres que de su cencia
Tienen la cabeza llena;
Hay sabios de todas menas
Mas digo, sin ser muy ducho:
Es mejor que aprender mucho
El aprender cosas buenas.

No aprovechan los trabajos
Si no han de enseñarnos nada.
El hombre, de una mirada
Todo ha de verlo al momento.
El primer conocimiento
Es conocer cuándo enfada.

Su esperanza no la cifren
Nunca en corazón alguno,
En el mayor infortunio
Pongan su confianza en Dios;
De los hombres, sólo en uno;
Con gran precaución, en dos.

Las faltas no tienen límites

Como tienen los terrenos;
Se encuentran en los más buenos,
Y es justo que les prevenga.
Aquel que defectos tenga,
Disimule los agenos.

Al que es amigo, jamás
Lo dejen en la estacada
Pero no le pidan nada
Ni lo aguarden todo de él:
Siempre el amigo más fiel
Es una conduta honrada.

Ni el miedo, ni la codicia
Es bueno que a uno lo asalten;
Ansí no se sobresalten
Por los bienes que perezcan.
Al rico nunca le ofrezcan
Y al pobre jamás le falten.

Bien lo pasa hasta entre pampas

El que respeta a la gente.
El hombre ha de ser prudente
Para librarse de enojos;
Cauteloso entre los flojos,
Moderao entre valientes.

El trabajar es la ley
Porque es preciso alquirir.
No se espongan a sufrir
Una triste situación:
Sangra mucho el corazón
Del que tiene que pedir.

Debe trabajar el hombre
Para ganarse su pan,
Pues la miseria, en su afán
De perseguir de mil modos,
Llama en la puerta de todos
Y entra en la del haragán.

A ningún hombre amenacen,
Porque naides se acobarda;
Poco en conocerlo tarda
Quien amenaza imprudente;
Que hay un peligro presente
Y otro peligro se aguarda.

Para vencer un peligro,
Salvar de cualquier abismo,
Por esperencia lo afirmo:
Más que el sable y que la lanza
Suele servir la confianza
Que el hombre tiene en sí mismo.

Nace el hombre con la astucia

Que ha de servirle de gula;
Sin ella sucumbiría;
Pero, sigún mi esperencia,
Se vuelve en unos prudencia
Y en los otros picardía.

Aprovecha la ocasión
El hombre que es diligente;
Y tenganló bien presente,
Si al compararla no yerro:
La ocasión es como el fierro,
Se ha de machacar caliente.

Muchas cosas pierde el hombre
Que a veces las vuelve a hallar;
Pero les debo enseñar,
Y es bueno que lo recuerden:
Si la vergüenza se pierde,
Jamás se vuelve a encontrar.

Los hermanos sean unidos,
Porque ésa es la ley primera;
Tengan unión verdadera
En cualquier tiempo que sea,
Porque si entre ellos pelean
Los devoran los de ajuera.

Respeten a los ancianos,
El burlarlos no es hazaña;
Si andan entre gente estraña
Deben ser muy precabidos,
Pues por igual es tenido
Quien con malos se acompaña.

La cigüeña, cuando es vieja,

Pierde la vista, y procuran
Cuidarla en su edá madura
Todas sus hijas pequeñas.
Apriendan de las cigüeñas
Este ejemplo de ternura.

Si les hacen una ofensa,
Aunque la echen en olvido,
Vivan siempre prevenidos,
Pues ciertamente sucede
Que hablará muy mal de ustedes
Aquel que los ha ofendido.

El que obedeciendo vive
Nunca tiene suerte blanda;
Mas con su soberbia agranda
El rigor en que padece.
Obedezca el que obedece
Y será bueno el que manda.

Procuren de no perder

Ni el tiempo ni la vergüenza;
Como todo hombre que piensa
Procedan siempre con juicio,
Y sepan que ningún vicio
Acaba donde comienza.

Ave de pico encorvado,
Le tiene al robo afición;
Pero el hombre de razón
No roba jamás un cobre,
Pues no es vergüenza ser pobre
Y es vergüenza ser ladrón.

El hombre no mate al hombre
Ni pelee por fantasía .
Tiene en la desgracia mía
Un espejo en que mirarse.
Saber el hombre guardarse
Es la gran sabiduría.

La sangre que se redama
No se olvida hasta la muerte.
La impresión es de tal suerte,
Que a mi pesar, no lo niego,
Cai como gotas de fuego
En la alma del que la vierte.

Es siempre, en toda ocasión
El trago el pior enemigo.
Con cariño se los digo,
Recuerdenló con cuidado:
Aquel que ofiende embriagado
Merece doble castigo.

Si se arma algún revolutis
Siempre han de ser los primeros;
No se muestren altaneros
Aunque la razón les sobre;
En la barba de los pobres
Aprienden pa ser barberos.

Si entregan su corazón
A alguna muger querida,
No le hagan una partida
Que la ofienda a la muger:
Siempre los ha de perder
Una muger ofendida.

Procuren, si son cantores,
El cantar con sentimiento,
No tiemplen el estrumento
Por sólo el gusto de hablar,
acostúmbrense a cantar
En cosas de jundamento.

Y les doy estos consejos

Que me ha costado alquirirlos,
Porque deseo dirijirlos;
Pero no alcanza mi cencia
Hasta darles la prudencia
Que precisan pa seguirlos.

Estas cosas y otras muchas
Medité en mil soledades;
Sepan que no hay falsedades
Ni error en estos consejos:
Es de la boca del viejo
De ande salen las verdades.

lunes, 18 de agosto de 2008

Gracias a la Vida


Nos eduacaron bajo la sombra larga y retorcida de la religión. A su amparo, aprendimos que esto de ahora no es la vida auténtica, sino sólo un paso para llegar a la que ha de ser. Y, para que aquélla sea plena y gozosa, hemos de aprender a sufrir en ésta. Vivimos, pues -si esto es vivir- en un "valle de lágrimas" en el que, según esto, lo mejor que podemos hacer es llorar, no vivir. Santa Teresa de Jesús escribió al respecto:

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.


Si miramos a nuestro alrededor, incluso si nos miramos a nosotros mismos, veremos que son o somos muchos viviendo con estas creencias, aunque adaptadas perfectamente a las conveniencias de cada cual. Porque, hombre, está muy bien eso de esperar una buena vida después de la muerte, pero, claro, sin renunciar a estar lo mejor posible ahora. Eso de "que nos quiten lo bailao" representa una filosofía de tal peso, que toda la presión religiosa no ha conseguido mover. Todos queremos vivir ahora, y vivir bien. Y a todos nos asiste el derecho de reivindicar "aquí" una buena vida, lo más alejada posible de ese agorero valle de lágrimas que no sabemos bien quien personifica, pues ni ateos ni cristianos ni miembros de otras religiones parecen estar por la labor de dar ejemplo en este sentido.

Violeta Parra escribió un "Gracias a la vida" que es todo un tratado de filosofía. Nos muestra el camino con palabras sencillas, fáciles de entender para todos: ojos para vernos, oídos para escucharnos, corazón para amarnos. Visto así, sería tan fácil. Un mundo de todos para todos, con solidaridad, respeto y amor. Sin guerras, sin miserias, sin sufrimientos inútiles. Dándole a la vida Gracias porque nos obsequia con sus dones. Y evitando que el mal, que no sale de la vida sino del hombre, tenga la oportunidad de aparecer. Una utopía, sí. Pero, ¿no merece más la pena vivir luchando por una utopía que no hacerlo pensando que estamos condenados a vivir en un valle de lágrimas?

Violeta Parra nació en Chile el 4 de Octubre de 1917 y murió el 5 de Febrero de 1967. Fue poetisa, música, cantante, pintora, escultora, bordadora y ceramista. El hecho trágico de su muerte, en ningún caso empaña la belleza de sus versos. Obtuve esta fotografía de: www.violetaparra.scd.cl/

GRACIAS A LA VIDA

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio dos luceros que, cuando los abro,
perfecto distingo lo negro del blanco,
y en el alto cielo su fondo estrellado
y en las multitudes el hombre que yo amo.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado el oído que, en todo su ancho,
graba noche y día grillos y canarios;
martillos, turbinas, ladridos, chubascos,
y la voz tan tierna de mi bien amado.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado el sonido y el abecedario,
con él las palabras que pienso y declaro:
madre, amigo, hermano, y luz alumbrando
la ruta del alma del que estoy amando.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado la marcha de mis pies cansados;
con ellos anduve ciudades y charcos,
playas y desiertos, montañas y llanos,
y la casa tuya, tu calle y tu patio.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio el corazón que agita su marco
cuando miro el fruto del cerebro humano;
cuando miro el bueno tan lejos del malo,
cuando miro el fondo de tus ojos claros.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto.
Así yo distingo dicha de quebranto,
los dos materiales que forman mi canto,
y el canto de ustedes que es el mismo canto
y el canto de todos, que es mi propio canto.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Ser parte del futuro


Hay una gran carga de paternalismo -e incluso de demagogia- cuando, en muchos estamentos de la sociedad, se aborda el tema de la gente mayor. Parece ser que, a determinada edad, ya hemos dejado de ser actores activos para convertirnos en meros espectadores a los que, si la sociedad es agradecida, debe cuidar. En caso contrario, mejor no hablarlo. Nosotros, que hemos participado de una cierta actividad universitaria, sabemos muy bien de qué estamos hablando. Hemos estado integrados en un programa formativo mediante el que hemos conocido profesores competentes que han desarrollado los temas previstos con bastante eficiencia. Ahora bien, tal vez la Universidad debería desprenderse de esa faceta "asistencial" a que parecen abocados los cursos y, centrándose más en la formativa, dar a los alumnos la categoría de gente de futuro, en lugar de centrarse en asistir a los que ya pasaron. Lo asistencial, el crear un lugar donde ir y relacionarse, que está muy bien y es muy necesario, debería ser competencia de entidades de otro rango. Ahora bien, esto no es más que una opinión.

Cuando de verdad hemos iniciado una actividad que precisaba de nuestra iniciativa y nuestra contribución directa, hemos demostrado que somos capaces de hacer algo más que escuchar o ir de excursión. Nos hemos demostrado, sobre todo a nosotros mismos, que existen en nosotros una serie de facultades que continuan vivas, y que así seguirán si aprendemos a cultivarlas adecuadamente. Rafael Alberti escribió, muy acertadamente, en este sentido:

Y luego, amor, y luego ver que la vida avanza
plena de abiertos años y plena de colores
sin fin y no cerrada al sol por ningún muro.
Tú sabes bien que en mí no muere la esperanza,
que los años en mí no son hojas, son flores,
que nunca soy pasado sino siempre futuro.


Todo, en nosotros, continua vivo, si no lo dejamos morir. Tal vez con menos fuerza física -faltaría más- pero con más experiencia y capacidad para razonar. Nuestras emociones, a veces olvidadas, continuan estando ahí y, del mismo modo que aún podemos estudiar y aprender, nos queda la posibilidad de gozar de la amistad del mismo modo que cuando fuimos jóvenes. Y, ¿por qué no?, del amor. María Dolores Pradera cantaba:

"Quererse no tiene horario
ni fecha en el calendario
cuando las caras se juntan".


Todo está por hacer. Y hemos de ser conscientes que está en nosotros el que se haga. Dejemos de esperar que otros decidan, y caminemos. En todos los sentidos. Con la misma pasión con que Rafael Alberti expresaba en sus poemas.

Subes del mar, entras del mar ahora.
mis labios sueñan ya con tus sabores.
Me beberé tus algas, los licores
de tu más escondida, ardiente flora.

Contigo no podrá la lenta aurora,
pues me hallará prendido a tus alcores,
resbalando por dulces corredores
a ese abismo sin fin que me devora.

Ya estás del mar aquí, flor sacudida,
estrella revolcada, descendida
espuma seminal de mis desvelos.

Vuélcate, estírate, tiéndete, levanta,
éntrate toda entera en mi garganta,
y para siempre vuélame a tus cielos.

miércoles, 30 de julio de 2008

Julio Fausto Aguilera

“De pie sobre tu suelo,
estoy, Patria, dolido”.

Julio Fausto Aguilera nació en Jalapa (Guatemala) en 1929. Su amor por la poesía se va desarrollando en él en tanto crece, aun siendo niño. Junto con otros jóvenes poetas y escritores, forma parte del grupo literario Saker-Ti, con la clara intención de incidir en la renovación política y cultural de su país. Tras siete años de fecunda labor literaria, la llegada al poder político del dictador Castillo Armas (financiado por la oligarquía económica norteamericana) en 1954, pone fin a la actividad del grupo y supone la represión, el exilio, e incluso la muerte, de algunos de sus componentes.

Alrededor de 1970 tuve la suerte de conocer algunos de sus poemas, que estaban incluidos en un librito titulado “Poesía Revolucionaria Guatemalteca” y que nos sirvieron de base –al grupo que en aquel entonces nos reuníamos- para recitar en aquellos sitios en que la permisividad del régimen nos permitía hacerlo, aunque siempre con el ojo puesto por si llegaba la policía social con malas intenciones. Cualquier cosa era buena para despertar la conciencia adormilada de nuestro pueblo. Y, en este caso, entre otras, las poesías de Julio Fausto Aguilera eran magníficas: todo pasión, todo amor. Pura revolución para las conciencias.

Desconozco como ha transcurrido su vida hasta ahora (creo que aún vive), pero por lo que he podido ver en internet, parece que se encuentra solo y enfermo en el asilo de Cabecitas de Algodón, en Antigua Guatemala. Es cierto que el final de la vida nunca suele ser alegre, pero entristece saber que un hombre que ha luchado y sufrido por el pueblo, sin buscar beneficiarse de ello, tenga un final tan oscuro. No será posible, pero me gustaría que esta humilde voz llegara hasta él, y que supiera que, a tanta distancia en kilómetros y en tiempo, sus versos han sido –y siguen siendo- importantes. Con ellos aprendimos a amar la paz y a luchar por la libertad. Con esa lucha revolucionaria que lleva implícita la palabra y el verso.

“La Patria, les decía, es una casa
donde todos vivimos como hermanos.
Es una hermosa casa, mis amigos,
que todos afanosos levantamos”.

¿Cómo es posible que los dictadores vean en estas palabras un peligro? Pero sí, lo hay. Porque ellos nunca han querido compartir, sino someter. He ahí la diferencia. Su batalla, contra la represión, era el verso, sólo eso... o, ni más ni menos que eso:

LA BATALLA DEL VERSO

Con un verso,
es verdad,
no botas a un tirano.
Con un verso no llevas pan y techo
al niño vagabundo,
ni llevas medicinas
al campesino enfermo.
Sobre todo, no puedes
hacerlo ahora mismo.

Pero... vamos a ver:

Un verso
bien nacido y vigoroso,
y otro más encendido,
y otro más desvelado,
y otro más fuerte y más veraz,
le dan vida
a un sueño que recogieron tierno,
y este sueño de muchos, ya nutrido,
se vuelve una conciencia,
y esta conciencia, una pasión, un ansia...
Hasta que un día,
todo
-sueño, conciencia, anhelo-,
compacto se organiza...
Y entonces
viene el grito,
y el puño,
y la conquista...

En la esfigie de la conquista
brilla una diadema: el verso.



He obtenido la fotografía y algunos datos biográficos de: www.lahora.com que es el periódico donde Julio Fausto Aguilera colaboró mientras aún pudo escribir.