La poesía es un lugar de encuentro de sensaciones totalmente diferentes. En ella se reunen la sensibilidad y la fuerza. Una fuerza capaz de hacer temblar a dictadores y tiranos. Siempre, cualquier régimen dictatorial, lo primero que ha hecho es acallar la voz de los poetas, quemar los libros, encadenar el libre pensamiento. Y del mismo modo, siempre, desde las cenizas de la represión, el viento ha sabido hilvanar las palabras y las ha extendido imparables, haciendo temblar a los tiranos y alimentando la conciencia de los reprimidos. A este respecto, dijo Gabriel Celaya:
"Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.
Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo".
Pero del mismo modo, tan revolucionaria como ésta, es aquella poesía que nos hace vibrar y que tal vez se encierra sólo en una palabra, en una emoción, en la necesidad de encontrarse con la persona estimada, o de oír su voz aunque sea a través del teléfono. Todo vale, si se unen emociones comunes, si se comparte la necesidad de comunicarse, de saberse próximos aunque les separe una determinada distancia y un conjunto de miedos y de convencionalismos. Así, la vida es poesía. Y el corazón grita al manifestarse y se desboca, y es necesario sujetarlo con las manos, con la sonrisa y con el sueño de que tal vez algo pueda canviar. Poesía revolucionaria, sí. Porque transforma las expectativas de la vida por completo. Y el aire parece más limpio, la mar más azul, sus aguas más accesibles y hasta la arena, que antes nos parecía sucia, ahora nos acaricia los pies y caminamos con cuidado para no dañarla. Todo es poesía. A cualquier hora, en cualquier lugar. Puede atraparte la noche en un oscuro desencanto y, cuando ya no lo esperas, quizás el pitido de tu móvil te avise de que tienes un mensaje, corto, concreto: ¿Qué haces? Y tu vida cambia y la noche se vuelve hermosa y no te importa no poder ya dormirte, porque merece la pena permanecer despierto escuchando sólo la voz del corazón.
Esto es poesía. Tan necesaria para vivir como el pan de cada día. Es el lenguaje universal de las emociones, de los sentimientos. Es el dolor y la alegría. Es la válvula de escape. Es el arma que combate el mal. Es el modo en que las personas pueden manifestar sus pensamientos más hermosos. Es un modo de ver el mundo y de entender la vida y de manifestar cuanto añoramos. Como dice Lluís Llach:
CANT DE L’ENYOR
Ni que només fos
per veure’t la claror dels ulls
mirant el mar.
Ni que només fos
per sentir el frec d’una presència.
Ni que només fos
poder-nos dir un altre adéu serenament.
Ni que només fos
pel suau lliscar d’un temps
perdut al teu costat.
Ni que només fos
recórrer junts el bell jardí del teu passat.
Ni que només fos
perquè sentissis com t’enyoro.
Ni que només fos
per riure junts la mort.
Ni que només fos
poder-nos dir un altre adéu serenament.
Ni que només fos
perquè sentissis com t’enyoro.
Ni que només fos
per riure junts la mort.
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martes, 15 de julio de 2008
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