martes, 23 de abril de 2013

ENRIQUE RUIZ GAMO (Poemas)


 “OZÚ” QUÉ PENA

 “Ozú” que pena más grande
de no crusarte en mi camino
con ese nombre de virgen
que tú llevas prendío.
Cuánto te hubiera querío!
Te miro con ese
talle tan salao
que se adorna
con ese vestío.
Te sienta que ni bordao.
“Ozú” que gracia tiene
con su abanico pintao
con ribetes de grana y oro,
sí señor, que a la niña
le gusta el toro.
Había que verla,
con su mantilla y peineta
camino de la Feria,
arriba de su calesa.
¡Y qué garbo
tiene al andar!
Y los adornos de sus manos
que se ponen a aletear
como paloma enamorá.
“Ozú” ¡qué pena más grande!

 

SÓLO AMOR

Qué culpa tengo yo
de quererte tanto.
Si me has dado amor
y mi alma es un gozo
y tu anhelo es mi sueño
de gritar mi deseo
de amarte siempre amor.
Ya no cabe más en mí
lo que mi corazón siente.
Una fuerza me lleva a ti
y no quiero verte distante
de mis besos y de mi carne.
Quiéreme con locura
con pasión y con dulzura
y no me alejes de tu vida
porque yo me moriría.


EL HAMBRE

 Se ennegrece la tierra
con estiércol de muerte
en una estela profunda
que el hombre vierte.

 Con poderes de leones
desgarran al inocente
que blancas son sus sienes
y sin maldades su frente.

 Esos que se creen gigantes
se convierten en sapos de charca
sin saber de esas noches largas
mordiendo el dolor que aúlla la boca

donde el hambre se retuerce
y se arquean sus huesos vacíos
que se clavan como cuchillos
en la cansada carne que nadie acoge

pidiendo ayuda antes que nadie.
No seáis necios no seáis viento, ni nieve.
que todos esos niños del mundo
maldicen, “yo para qué he nacido”.

 

sábado, 5 de enero de 2013

La metáfora y la vida

La educación que se nos ha dado, en esta parte del mundo en que vivimos, esa misma educación que nosotros, amparándonos en costumbres y tradiciones transmitimos a nuestros hijos, empieza con una metáfora que, hasta que la inocencia se pierde, se la trata como algo real. Mediante esa metáfora se nos enseña ya, desde nuestra más tierna infancia, a caminar tras la luz de una estrella en busca de un incierto porvenir, de un lugar idílico, de un deseo... de un Dios. Cuántas veces, en momentos aciagos de nuestras vidas, elevamos los ojos al cielo en busca de una estrella que nos ilumine el camino, que nos ayude a salir de unas sombras que se han aposentado en nuestra mente, que nos transmita la esperanza con su luz. Así lo sentimos ya que así lo aprendimos de niños. ¿Qué buscaban aquellos reyes fabulosos... también llamados magos? Su poder no sería muy grande, ya que tuvieron que hacer lo que cualquier mortal desconcertado: dejarse llevar por una estrella. La diferencia con los demás mortales es que ellos la encontraron, mientras que la mayoría perece estrellada. La iglesia, que es quien mantiene viva la llama de esa estrella, es sin embargo muy ambigua a la hora de explicar su significado: ¿Quiénes fueron aquellos reyes? ¿Dónde estaba su reino? ¿Por qué se “embarcaron” en semejante aventura? Y, sobre todo, ¿qué fue de ellos después? Su presencia resulta bonita dentro de la idílica representación navideña, pero no encaja en absoluto desde el momento en que alguien pretenda ejercer su derecho a pensar. Claro que esto, la razón, es totalmente contrario a lo que la iglesia defiende: la fe. Con ella lo creemos todo y no necesitamos pensar. Así viviremos mejor y obtendremos puntos para entrar un día en el reino de los cielos. Esta metáfora de los reyes magos, condiciona por otro lado nuestro modo de vida. Esta noche en todos los pueblos y ciudades se organizan lujosas cabalgatas donde los tres monarcas desfilan ante los ojos abiertos como platos de los niños y la sonrisa emocionada de los mayores, garantes de la tradición. Y los niños –si han sido buenos- reciben regalos. A veces, si han sido malos y los padres son ricos, reciben aún más regalos. Pero como aquí somos todos tan solidarios, también queremos que haya regalos para los mayores. Así, nuestra sociedad ha sabido adaptarse a la tradición: si los reyes magos llevaban un cargamento de oro, incienso y mirra, ahora la televisión nos bombardea con interminables y costosos anuncios de oro (joyas) y de incienso y mirra (perfumes), con los que gastamos a veces más de lo que podemos, mientras la iglesia sonríe complacida. Pero no siempre hay una estrella para todos. Y ahí radica la contradicción de nuestras vidas, se pone de manifiesto la debilidad de esa metáfora y, sobre todo nuestro propio carácter insolidario. Aunque para esto también la iglesia ha inventado otra metáfora llamada caridad que, aunque en momentos puntuales puede ser válida, es totalmente insuficiente, ya que no llega a todos. Miguel Hernández escribió este poema refiriéndose a un niño que no tuvo la suerte de ver ni estrella ni reyes. Un niño hecho a imagen y semejanza de millones de niños que mueren cada día de necesidad en este mismo planeta que habitamos y que, careciendo de todo derecho, se ven privados hasta de la metáfora.

LAS DESIERTAS ABARCAS

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda  gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto,
hasta cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y un mundo de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

sábado, 22 de diciembre de 2012

A la memoria de ANTONIO SERRANO SELVA

Ayer, Antonio Serrano Selva, imagino que harto de pelearse con la vida, nos dejó para siempre... o tal vez no nos dejó para siempre (que esto no es más que una frase hecha, un convencionalismo más a los que solemos acogernos para quedar bien). En realidad él nos ha dejado sólo hasta el momento en que nosotros lo olvidemos. A mí, personalmente me va a costar olvidarlo. Y no porque tuviera con él una gran amistad, que no la tenía; en realidad hace justamente un año que lo vi por última vez. Tampoco voy ahora a hacer uso aquí del recurso, que se utiliza siempre cuando se habla de alguien que ha fallecido, de ponderar sus virtudes y de decir que era una gran persona. No lo haré porque estaría incurriendo en un vicio que, estoy seguro que él no aprobaría. A mí, Antonio Serrano me pareció siempre un hombre íntegro; demasiado íntegro en ocasiones. De una integridad tal que a nadie podía dejar indiferente, y que seguramente le granjeó amistades y enemistades. En los últimos años, tal vez su carácter no era controlado por él mismo, y esto no siempre se entiende. Nos conocimos el año 2007, en las Aulas de la Experiencia de la Universidad Miguel Hernández. Allí participó en el recital que ofrecimos al poeta Miguel Hernández... y en los sucesivos. La poesía era para él mucho más que un pasatiempo, supuso un motivo, un aliciente que le hacía sentirse vivo, que le motivaba. Más tarde firmó los estatutos para constituir la Asociación Cultural “Caminos” y participó en los recitales conmemorativos del centenario del nacimiento de Miguel Hernández. Ponía pasión en cuanto hacía. La poesía, leída por él, llegaba al público perfectamente interpretada. Nunca se le pudo reprochar que viese sólo letras al mirar el papel impreso. Él transformaba las letras en la intención, la emoción y el paisaje que sin duda el poeta había querido transmitir, y todas esas sensaciones llegaban perfectamente al público. En todos estos años (de 2007 a 2010... e incluso 2011) he tenido muchas conversaciones con él y también muchas anécdotas. Siempre supimos respetarnos, a pesar de –en muchos aspectos- pensar muy diferente. Hablamos de religión. Él no entendía por qué yo no era creyente; pero nunca me presionó. A veces me decía: “Gracias al que está arriba...”, y yo le respondía: “¿Me hablas de un palmerero...? Entonces, él en lugar de enfadarse, se reía. A su manera, Antonio Serrano también era un poeta. En este aspecto, la poesía supuso también para él un válvula de escape, un medio por el que desarrollar su creatividad, su sensibilidad. Escribía poemas, fundamentalmente dirigidos a las personas que estimaba. Yo tuve la suerte de recibir de él este poema que guardo desde entonces, y ahora más, como el regalo de un amigo querido:

LA INSPIRACIÓN

Si quieres vivir poesía
con maestría y primor,
en la Universidad de Elche,
encontrarás la mejor.

Se dice con gran dulzura;
con fuerza y admiración;
y todos sus componentes
cada vez, lo hacen mejor.

Cuando hay que recitar,
se hace con tal pasión,
que imposible es mejorarlo
de una forma superior.

Cada cosa en esta vida
tiene una explicación;
y en este caso la tiene,
el que estamos inspirados
por un ser muy superior.

Él, siente la poesía
de una forma magistral;
y ello nos hace sin duda
que al salir a recitar,
lo hagamos con ilusión
pensando en los demás.

Esta persona en cuestión
por su manera de ser,
pasa siempre inadvertido
dada su gran sencillez.

Y cuando alguna duda existe
cuando hay que recitar,
siempre se acude al mismo hombre,
¡¡al señor Pepe Adsuar!!

Indiscutiblemente, en este poema, me pone unas cualidades que tal vez no merezca, pero lo que si leo en él es respeto y amistad, dos grandes cualidades que nos unieron. Insisto en lo que dije al principio: Antonio Serrano estará entre nosotros mientras que nosotros nos acordemos de él. Ya forma parte de nuestra historia. La vida nos trae muchas vivencias, pero el final es inexorable, siempre llega y, en la mayoría de ocasiones, con sufrimientos y dolor. Él ya no sufre, pagó su cuota con creces. Como dejó escrito Miguel Hernández, es “alto de mirar a las palmeras”. Ojalá recordemos siempre –perdonando, que de humanos es perdonar, los momento malos- todos los momentos buenos que con él hemos compartido. Y que así permanezca en nuestra memoria... hasta que la vida quiera.

jueves, 29 de noviembre de 2012

NAVIDAD (Patricio González Caballero)


                           A mis nietos.


Jugaban los niños,
a la Rueda  Rueda.

Hay desorden en la escuela
de la pequeña ciudad,
saltan y gritan los niños.
Ha llegado Navidad.

Muge la vaca en el prado,
bala la cabra y la oveja,
al calor del fuego el gato
dormita sobre una estera.

Y los niños en la escuela
ausentes del día a día,
dibujan sus ilusiones,
después las dotan de vida.

Ha llegado Navidad
a sus tiernos corazones.
Dos niñas en un rincón
dialogando sigilosas.

-Mi abuelo me ha dicho un día,
que ha visto un caballito alado
galopando por la niebla,
cargado de chocolate,
de juguetes y de estrellas.
Que salía de las montañas,
rompiendo la nieve quieta.
En su lomo trae regalos,
de Reyes y Noche Buena.
 
La otra niña le asevera:
-¡Son tres reyes en camellos
guiados por una estrella!

-Sí. Pero eso ocurre allaaaaaa…
                            muy lejos,
donde la nieve no llega.

-¡Que me lo ha dicho mi abuelo!
Que por los campos nevados
no saben ir los camellos.

Mana alegría de sus ojos,
de sus caritas pureza,
de sus tiernos corazones
dulzura, amor y belleza.

Un manto de nieve blanco
está cubriendo las eras,
los ríos montes y valles
y las casas de la aldea.

Desciende ociosa la nieve
para que el viento la meza.
La noche abraza  los campos
antes de cerrar sus puertas.

Ignorando el día a día
viven los niños la escuela,
hablan con sus ilusiones.

Jugando a la Rueda Rueda.

                                         NAVIDAD   2012

 

sábado, 20 de octubre de 2012

Descubriendo a Federico García Lorca

Seguimos avanzando. Y continuamos aprendiendo y descubriendo. Nuestro primer escalón fue Miguel Hernández. Él nos proporcionó argumentos que nos hicieron desear saber más, hacerlo mejor. Con Miguel Hernández asumimos el reto de pretender -a pesar de nuestra edad y nuestras carencias- aprender a recitar, entender la poesía y, desde el respeto más profundo, amarla, impregnarnos de ella y, asumiendo el papel de esponjas, recoger todo su sentido y exprimirlo, para hacerlo llegar al público. El tiempo ha pasado, el público -nuestro público- nos ha premiado con su confianza y amistad; las instituciones -algunas- ya van tratándonos con cierta consideración. Nuestro rol está siendo admitido y valorado. A pesar de todo ello, lo que realmente nos importa -en mi opinión- es la valoración que nosotros mismos hacemos de nuestro trabajo, lo que nos une, lo que aprendemos no sólo de los poetas, sino de nosotros mismos, de la experiencia que poco a poco vamos acumulando. La Asociación Cultural "Caminos" ha de ser, cada día más, un nexo de unión, un lugar común que nos proporcione el placer de aprender dando, no sólo recibiendo. Cada uno de nosotros aporta su modo de entender, su modo de hacer. Y todos juntos ofrecemos el resultado de esas escasas dos horas semanales en que nos podemos reunir. Después de Miguel Hernández vino Mario Benedetti: una experiencia nueva, otro escalón más en nuestra formación, otro modo de hacer poesía y de trasladarla al público. Siempre, al principio, cuesta asumir lo nuevo, deshinibirse de lo anterior. Pero cuando se asume, la emoción nos llena de estrellas la mente, nos hace felices. Recitar se va convirtiendo en una necesidad, y hacerlo es cada vez más un placer. De las emociones de Mario Benedetti hemos pasado a las de Federico García Lorca. "Amigo Federico" nos ha descubierto nuevos caminos y nos ha propuesto metas más exigentes. Todos habíamos oído hablar de Federico García Lorca, sabíamos quien fue, conocíamos de su trágica muerte... Pero de su poesía apenas sabíamos nada. Hoy, después de un año de ensayos, no somos una autoridad en el tema, pero sí que algo hemos aprendido. Fundamentalmente hemos abierto la puerta, nos hemos deslizado al interior y estamos en condiciones de seguir conociendo y aprendiendo. Ese es el principal beneficio que obtenemos a la hora de proponernos conocer un poeta. Y es lo que intentamos ofrecer cuando se nos permite recitarlo en público. En nuestro recital "Amigo Federico" no se ofrece sino una parte muy pequeña de su monumental obra. Pretendemos que sea para el público, de igual modo que lo ha sido para nosotros, el aperitivo que abra el apetito de conocer más. Y es tánto lo que hay por conocer!

"Amigo Federico" (Recital de Poesía y Teatro), se representará el 27 de octubre en la Casa de Cultura de La Romana, y el 2 de noviembre en la Casa de Cultura de Santa Pola.

(En la fotrografía, Trini Seller y Severino Pacheco representando una escena de "Mariana Pineda".

martes, 10 de julio de 2012

AUTORRETRATO



Por PATRICIO GONZÁLEZ


Trepé hasta la cumbre más alta.

En la oquedad de la roca hallé la fuente

de la que brotaba el agua, pura, trasparente.

 No sacié mi sed  para no mancharla.



Los recuerdos son la sombra del dolor y

la humedad del llanto empapa el alma.

Bajo una sombra larga.

                          Siento frío en el corazón.           

------------------------------------------------------

Escalo a paso lento la ladera fría.

Los carámbanos penden del saliente de la roca.



            ¿Qué habrá más arriba?



El silencio se confunde con el eco en mis oídos

y el viento acarrea las palabras;

aquellas palabras.

                   ¿Cuánto tiempo?

                                          Nos dijimos.



-------------------------------------------------------------



La gaviota riza el viento jugando con su ley.

El sol reseca la piel y la esperanza.

La playa, el velero, la arena, la ola, la espuma…

             Un sueño en el centro de la nada desierta.



No hay velero, ni ola, ni espuma, ni arena.

Sólo la gaviota jugando con el viento.

              Por el ancho cielo.
                                             ¡Se aleja!  

miércoles, 27 de junio de 2012

Con tristeza, desde la frustración y la impotencia


Acabo de oír la noticia emitida por la emisora de radio local. Por fin va a consumarse el destierro: el legado de Miguel Hernández va a ser trasladado a Quesada (Jaén), localidad donde nació Josefina Manresa, esposa del poeta. Josefina Manresa, la que un día dispuso que este legado permaneciera en Elche, su pueblo de adopción, y cuya memoria ha sido claramente vulnerada no sé si por algunos... o por todos, aunque esto poco importa ya. Desde que empezó la controversia (legado sí, legado no) son muchas las declaraciones que han podido leerse y escucharse, todas ellas llenas de razones... de razones económicas. Razones económicas que, en algunos casos, dejaban rezumar un apestoso vaho político. Todas estas razones –TODAS- no sirven para enmascarar la más triste de las realidades: la dejadez mostrada por los estamentos culturales (si es que los hay) y la indiferencia de la sociedad en su conjunto, a quien interesa mucho más –inmensamente más- el que no prohíban el lanzamiento de “carretillas” en las fiestas, que este tema menor de un legado que, al parecer piensan que sólo serviría para enriquecer a unos señores y para endeudar a la ciudad. Sé que ahora se levantarán voces de rebeldía, voces donde predominará la impotencia (hasta podría decir sus nombres) de no poder hacer nada, de que todo su esfuerzo de muchos años ha sido en vano. Entre tanto, quienes deciden, se reirán, mientras que esperan brevemente que el tiempo cicatrice la herida. Yo, que entiendo muy poco de componendas político-económicas, pensaba en mi ignorancia, que tal vez la Universidad, que lleva el nombre del poeta, haría prevalecer su peso –no político- para gestionar, con toda dignidad ese patrimonio. No sé si eso sería posible, pero lo cierto es que no he escuchado ni leído semejante posibilidad. Y me pregunto: ¿dónde mejor, que en la universidad, para custodiarse, estudiarse y difundirse estos materiales? Pero la universidad, no sé con qué criterios, no habla. En su silencio, ¿hay también razones políticas? Si así fuera, con buen criterio, debería cambiar su nombre. Elche va a ver, indiferente el nuevo destierro del poeta. Como la historia se repite, mantendrá la misma actitud que mantuvo cuando, en otro tiempo, vendieron la Dama de Elche. Y es posible que, quienes puedan verlo, asistan dentro de un tiempo al triste espectáculo de pedir que les dejen gozar temporalmente de un patrimonio al que han renunciado, del mismo modo que ahora pide el regreso de la Dama que vendieron. Tiempo al tiempo.
Miguel Hernández vuelve a Jaén, a cuyos olivares cantó con toda la fuerza de su poesía. Tal vez ésta fuera para él una buena noticia. Porque uno ha de estar donde se le respeta y estima. Y Elche, salvando honrosísimas excepciones, no ha estado a la altura.


ACEITUNEROS


Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?



No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.



Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.



Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.



Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?



Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.



No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.



Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.



¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!



Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?



Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.



Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.