sábado, 7 de marzo de 2009

Dos poemas de Enrique Ruiz Gamo


Enrique es poseedor de un alma inquieta, de un corazón que echa humo. Todo ello unido, le hacen poseedor de una sensibilidad especial. Con ella, penetra en cada tema que le preocupa y nos ofrece su visión personal. Es un calidoscopio repleto de colores, que adopta imágenes diferentes según sea iluminado por la luz de la palabra que da vida al pensamiento. Hoy enriquece nuestro entorno al ofrecernos una oración y una reflexión.

A NUESTRA PATRONA

Virgen de La Asunción
que bajaste de tu cielo
para hacer tu aparición.
Elegiste nuestro pueblo
y te acogió con devoción.
Las voces limpias y puras
te cantaron una oración,
te coronaron Madre y Señora
de toda la Creación.




LA SOLEDAD

Si te hiere una pena
y se aloja en el alma,
qué más te da,
si el tiempo calla.

El silencio te hace presa,
y tu grito no se aloja
en la garganta de tu boca.
Y se abre una brecha.

En una soledad loca,
te inunda y te atropella.
Es huracán de viento y nada,
como un río de agua seca.

La soledad todo lo amarga;
es carne de luto y sombra;
es una escalera empinada y larga
y sus peldaños son piedras de fosa.

martes, 17 de febrero de 2009

Enrique Ruiz Gamo. Emoción en estado puro


Miguel Hernández, en su inolvidable "Vientos del Pueblo", escribió: "¿Quién ha puesto al huracán / jamás ni yugos ni trabas, / ni quién al rayo detuvo / prisionero en una jaula?". Del mismo modo que al huracán no se le pueden poner yugos ni al rayo se le puede encerrar, tampoco somos -generalmente- dueños de nuestras emociones. En ocasiones, el corazón golpea, la sangre acelera su carrera, y el cuerpo, incapaz de someterse a la prueba, tiembla como una hoja golpeada por el viento, sin que lo podamos evitar. Pero esto no es un defecto, es una seña de identidad, es una muestra inequívoca de sensibilidad. Es la emoción en estado puro. Enrique Ruiz vive la poesía cuando la escribe y cuando la recita. Cuando la recita lo vemos temblar, no de miedo sino de emoción y nos emocionamos con él. Cuando la escribe, en la intimidad de su refugio interior, no podemos participar de su emoción hasta que no la leemos. Y entonces, en ese mismo momento, temblamos con él, porque nos hace llegar, disfrazadas de letras impresas, todas sus emociones.

EL AMOR DE MIS ADENTROS

¿Y me preguntas si te quiero?

Mira como se me pone la piel
cada vez que mis labios
besan tu piel.

Y no me ves hablando con el cielo,
que bajito le digo cuánto te quiero.

Y cuando llega el alba y te veo soñar
te daría mil besos antes de despertar.

¿Y me preguntas si te quiero?



SENTIMIENTO DE UN AMIGO

Sí que es hondo lo que yo siento,
¿es un frío?, ¿es un calor? ¡Qué sé yo!
Mi pensamiento me turba y me acongoja
y tu fuerza me hace volver a mí
de mi pensamiento.

Escríbeme del cielo,
que de la tierra te escribo yo.

Tú eras luz, no sombras,
tú eras alegría, no lamento,
no eras espina, sino flor,
tú eras tierra, mar y viento.

Escríbeme del cielo,
que de la tierra te escribo yo.

De tus mieles nos diste de beber,
hasta el borde del corazón llenaste.
Cuánto amor nos brindaste
antes de dejar de ver.

Escríbeme del cielo,
que de la tierra te escribo yo.

Tú que yaces en el mar,
cántale a los vientos
lo hermoso que es amar
antes de llegar a muerto.

Escríbeme del cielo,
que de la tierra te escribo yo.

Tu amigo Enrique.

viernes, 13 de febrero de 2009

A un gato












Por MAVI GOMEZ

Al encontrarme esta poesía sencilla de un maestro de las letras, Jorge Luis Borges, me ha emocionado y me ha llevado directamente al recuerdo de mi querida gata Izar, a la que echo de menos con un dolor sordo e impotente. Quien conviva con estos deliciosos animalitos me entenderá. Es el gato, dentro del universo de los animales mal llamados de compañia, un gran maestro para aquel que tenga la curiosidad de conocer su misterioso mundo, es un animal fantástico, tienen una elegancia innata, son únicos, no se venden por cualquier cosa, ellos te eligen. Tú eres "su" compañia, ellos te aceptan o no. En ocasiones nos dedican su vida entera a cambio de nada o de muy poco. Te pueden transmitir paz y sensibilidad, hacen que seamos mejores, por eso cuando los perdemos queda un gran vacío en nuestra vida y los seguimos recordando siempre. Y si hablamos de sus maravillosos ojos no tendrian fin los adjetivos, pues son fascinantes, inimitables... lindos. Ésta, mi querida gatita, me ha enseñado a ser fiel como ella lo fue hasta el último momento conmigo. Te quiero linda gatita Izar.

A UN GATO

No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.

Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
más remoto que el Ganges y el poniente,
tuya es la soledad, tuyo el secreto.

Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano.
Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás.
Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño.

martes, 10 de febrero de 2009

La poesía, alimento para el alma


Por BETTY OREGGIA

El día 4 de febrero, me sentí muy orgullosa de participar en el homenaje al poeta Miguel Hernández, que se realizó en su ciudad natal, Orihuela. Fue algo sencillo, pero hecho con el alma. Compartimos un momento de regocijo, de complicidad con el poeta, y con los presentes.

Llegar a emocionarse con los versos de un poema, es conectarse con el autor, revivir las emociones que sintió cuando cuando plasmó en papel sus pensamientos, es darle de comer al alma.

Cuando escuché tus versos
por vez primera,
me sentí española
aunque no lo fuera.

Sentí el olor de la hierba
pisada por las cabras,
vi el verde de las olivas,
el rocío de las mañanas.

Sentí el dolor
de tus abarcas desiertas,
tu soledad, tu tristeza,
tu honda pena siempre abierta.

Sentí el sufrimiento
de tu estada en la cárcel,
tu lucha por la España,
que no valió nada.

Miguel, tu expresión
tu sentir, tus pensamientos,
tu vida, tus versos,
me llegaron al alma.

sábado, 7 de febrero de 2009

A José Seller Sala y Antonio Armell Lon


Por TRINI SELLER

En el mes de Octubre, comenzamos el nuevo curso en la universidad Miguel Hernández, y en él reiniciamos los ensayos para el recital que teníamos que dar en Orihuela. Así, entre ilusión y muchos nervios han ido transcurriendo estos casi cuatro meses, hasta que... ¡¡por fin llegó el día!! Fue el 4 de Febrero, en las aulas de "Las Salesas" del campus de Orihuela. ¡Allí estuvimos! y... creo que lo hicimos muy bien. Valoro sobre todo el esfuerzo y el empeño que hemos puesto en ello, naturalmente siempre bajo la supervisión de Pepe (muy buena por cierto) pero... ¿qué puedo yo decir de él? Desde aquí le doy las gracias.

Siento una enorme satisfacción personal, primero porque me encuentro capaz de hacer algo que antes era impensable para mí, debido a mi timidez, como es recitar en público. Y, en segundo lugar, por lo que ha significado para mí el hacerlo: he puesto toda mi alma apoyándome en el recuerdo de dos personas muy queridas por mí y que compartieron cárcel y un tiempo de sus vidas con Miguel Hernández. A través de ellos conocí yo la vida y la obra de Miguel, y comencé a admirarle.

A ellos quiero dedicar estas líneas:

A mi padre, JOSÉ SELLER SALA y a su gran amigo ANTONIO ARMELL LON, con todo mi cariño y admiración.

De éste último incluyo una elegía que dedicó a Miguel Hernández, cuando falleció en la cárcel de Alicante.

YO LO VI
(Elegía)

Un veintiocho de Marzo
del año cuarenta y dos.
En la cárcel de Alicante
Miguel nos dio el adiós.

Las nubes en aquel día
al astro Sol escondieron.
Para no ver las vergüenzas
que en tal jornada se dieron.

Murió Miguel, y sus ojos
se quedaron bien abiertos.
Para seguir dando luz
a todos los universos.

Su mascarilla quisimos
que fuera llanto y recuerdo.
La dirección de la cárcel
hasta de esto tuvo miedo.

Y es que Miguel, al morir,
seguía entre nosotros.
Y gigante se elevó
sobre la paz de los muertos.


(Antonio Armell. 1942. Cárcel de Alicante).

sábado, 24 de enero de 2009

Evocación

"¿Por qué estás triste?" -me preguntó esta mañana la persona que estimo. "No debes estar triste" -sentenció a continuación. Y yo, que sé que tiene razón, no tenía respuestas para su pregunta ni fuerzas para adherirme a su resolución. Suele sucederme con cierta frecuencia: se trata de una melancolía que se asienta en mí y, sin que existan motivos para la tristeza, hace que me sienta triste. En esos momentos, anhelo la presencia de la mar, la Paz que emana de ella. Sí, son momentos en que me gusta perderme por orillas donde no haya gente, escuchando sólo el murmullo de las olas que parecen hablarme y comprenderme. Las personas que saben más que yo de psicología, afirman que no es ésta una buena solución, que el ser humano ha de hallar sus respuestas siempre junto con otros, nunca en soledad. Sin embargo, la práctica de esta soledad a mí me ha hecho estimarla y, sin poderlo evitar, muchas veces me siento parte de ella. ¿Acaso anhelo esta soledad? ¡Rotundamente no! Pero a veces me llama. Y ahora estoy más convencido que nunca de que no puede hacerme ningún daño. Ahora ya no. Pero la respeto, como se respeta a un amigo, del que sabes que, si algún día lo necesitas, estará ahí para tenderte su mano. La estimo como se estima a una madre, a la que nunca dejamos de evocar en los momentos de flojera interna y a la que, ya hace años, yo mismo comparé con la mar. Es por eso que, aunque a veces sienta esa melancolía, sé que no es nada malo: se trata sólo de una evocación. Y sé también que ella, la que me estima y me pregunta: ¿Por qué estas triste? acabará comprendiendo que no se trata de tristeza. Que es algo que está ahí y que de vez en cuando aflora. Algo ajeno a mí, pero muy próximo al mismo tiempo. Algo tan normal como inexplicable con palabras exactas. ¿Es un rasgo? Tal vez. Yo sólo sé que es parte de mí... como ella, que me pregunta y me estima. Son... mi vida.

¡MADRE, ES LA MAR!
(A mi madre, que anclada tierra adentro,
siente la vida pasar)

Veo en la mar tu rostro reflejado
en las mañanas que medito junto a ella.
Veo los surcos de tu noble frente
grabados por las olas en su lecho de arena.
Oigo tu voz mecida por las aguas,
que viaja incansable por la mar de mi mente
...y siento el placer de tus caricias...
en el beso suave de sus olas complacientes.

Te siento a ti, madre,
tan lejos y tan cerca, por la mar.
Siento el olor de tu cuerpo
envuelto en mil aromas de arenas y de sal.

Madre, ¡es la mar!

La de mis sueños de niño.
La que cada verano me llevabas a ver
y en la que se perdía mi mirada inocente,
envuelta en los azules de tan mágico ser.

Madre, ¡es la mar!

No sientas celos de ella, pues me trae tu imagen,
evoca los recuerdos más remotos
de mi vida de niño y renueva las caricias y besos
de tu inmenso cariñ0.

Madre, ¡es la mar!

Mudable, como tú:
suave y apacible, repleta de caricias
o iflexible y dura,
como la vida misma.

Madre, ¡es la mar!

¡Siénteme junto a ella,
evocándote a ti!
Imagina que encuentro en su dorada orilla
un lugar apacible donde poder vivir.

Madre, ¡es la mar!

La mar de tus caricias saladas
y de tus dulces besos.
La mar de tu alegría y tu tristeza.
La mar de nuestros sueños.

Madre, ¡eres tú... la mar!

miércoles, 7 de enero de 2009

Sueños

A veces me pregunto si es lícito tener sueños. O tal vez no sea ésta la cuestión. Puede ser lícito pero, ¿hasta que punto es normal? Invariablemente, siempre suelo responderme que no sólo es lícito y normal, sino que también es bueno. A mí me encanta soñar, imaginar paraisos, perderme por los caminos que sólo el amor transita, dejarme llevar por la poesía que encierra una imagen, una palabra, una ilusión... Soñar significa anhelar otra vida -tal vez imposible-, un mundo distinto. ¿Quién, siendo niño, no se ha sentido héroe, caballero o princesa? ¿Quién, a lomos de su imaginación, no ha viajado hasta lejanos planetas o reinos ignorados? ¿Quién no ha sido feliz, con sólo tener estos sueños y ser al menos una vez, protagonista en ellos? ¿Es, pues, soñar, sólo potestad de los niños? Yo creo que no. Y me afano en inventarme sueños nuevos cada día, mientras me siento despierto y vivo. Y miro, a lo lejos, la Isla Plana de Nueva Tabarca y la imagino poblada por corsarios y por seres mitológicos que nada tienen que ver con sus pacíficos moradores, pero que sirven para que mi imaginación pasee con las olas y escriba sobre ellas historias y leyendas de otros seres, de otros mundos. Como tantas otras cosas -los pinos de la sierra, las rocas en las que escriben historias el viento y la lluvia...- Tabarca me sirve para soñar. Sólo hay que mirarla a cualquier hora del día, para verla diferente cada vez. Cuando amanece, parece que el Sol durmiera en ella: se levanta pausado y simula devorarla. Luego, el contraluz la baña de plata y es como si la convirtiera en una nave, en un submarino emergente que navega vigilando la costa, mientras las gaviotas vuelan cerca de él, esperando que las alimente. ¿Quién viaja en ese barco? ¿Cómo impedir que mi imaginación se invente unos tripulantes y una misión secreta? Una misión de Paz. Como no podría ser de otra manera. Porque sólo Paz puede nacer de una imagen tan hermosa.

TABARCA

He caminado sobre la fina arena
buscando el beso de las azules aguas
y entre nieblas y nubes de bonanza
te vi en la lejanía...

-¿Quién eres?- grité mirando al viento.
Y las olas me trajeron tu respuesta,
envuelta en las espumas
cuajadas por mil vidas que allí tienen su hogar:

-¡Soy Tabarca, Tabarca, Tabarcaaaaaaa!
Tabarca de corsarios.
Tabarca marinera.
Tabarca gaviota que navega
sin que mi quilla hiera
a las aguas que me dan lecho y vida.
Tabarca: monte, playa, mar y cielo.
Tabarca: Sol y Luna, estrellas, viento y mar.
Así soy yo, así es mi vida, así es mi hogar...

Hogar de marineros que trabajan
hurgando entre las aguas que me acogen
para que ellas den sustento a sus vidas.
Hogar de gaviotas viajeras
que vuelan altaneras
y dan fiel compañía al pescador.
Así soy yo...
¡Tabarca! ¡Tabarca! Tabarcaaaaaaaa!

Cogí tu voz lejana con la brisa
y la saqué de la mar,
más seguí oyéndola corriendo por la arena
y redoblando en la ruda roca
que forma la pared del malecón.

-¡Soy Tabarca! ¡Tabarca! ¡Tabarcaaaaaaa!
Tabarca de corsarios.
Tabarca marinera.
Tabarca humilde.
Tabarca altanera,
porque ni la mar más fiera
ha conseguido mi temple alterar.
Tabarca de la mar
pues en la mar vivo,
en ella navego
y a su amor me entrego
con toda la pasión que da un amante.
¿Quién soy yo sin la mar?
Ella me abriga, me mece y me golpea.
Ella es mi amiga, mi ser y mi dolor.
Ella es tan mía, igual que yo soy de ella.
Tabarca de la mar, que me hace bella,
me otorga su color y me da vida.

Y así, tu voz seguía corriendo por la playa
en la suave mañana del estío.
Mas llegó la tormenta, súbitamente,
y un viento huracanado, golpeando mi frente,
volvió a gritar tu nombre: ¡Tabarcaaaaaa!
Y entre sus voces, como un lejano eco,
llegó otra vez tu voz a mí:

-¡Yo soy Tabarca! ¡Tabarca! ¡Tabarcaaaaaaaa!
Tabarca de corsarios.
Tabarca marinera.
Tabarca monte y Sol,
Luna y estrellas.
Tabarca tempestad.
¡Tabarca de la mar!