miércoles, 26 de noviembre de 2008

Arroz con costra


Por ASUN QUINTO

Además del Misteri y del Palmeral, posiblemente no haya nada tan genuinamente ilicitano como el Arroz con Costra, nuestro "tesoro escondido", la medalla de oro de nuestra gastronomía. Ésta es, a ritmo de verso, su receta, tal y como se la di a mi amiga Betty. Ojalá funcione (aunque no lo tengo yo demasiado claro):

Los ingredientes primero.
Aquí dispuestos están:
huevos, carne, embutido,
tomate, arroz y azafrán.
No te olvides del aceite,
ni tampoco de la sal.

Elegir un buen perol,
poner un chorro de aceite
y de seguido, al fogón.
Sofreir el embutido,
ya previamente partido.
Retirarlo a un recipiente
y mantenerlo caliente.
Después, ya la carne toda
sofreirás sin demora.
Sin sacarla del perol
tiempo es de que le añadas
el tomate sabrosón.
Mientras lo vas removiendo
vas rezando un Padre Nuestro
y listo queda el mejunje.
Hora es pues de que juntes
el embutido al invento.

El agua echarás ahora
templadita si es posible,
para que los ingredientes
no se encojan o se enfríen.
No olvidar el azafrán
ni por supuesto, la sal.
Dejar que hierva un ratito
ahí todo bien juntito.
Mientras que la lumbre cumple
su misión, como es mandado,
te tomas una cerveza
y te entonas con un fado.

Seguidamente el arroz
será unido a este aquelarre,
removiendo, poco a poco,
para que no le entre el aire.
Déjalo tranquilo ya,
que se vaya cocinando.
Mientras esto ocurre, amiga,
el horno ve calentando,
y esta vez puedes cantar
un repertorio de tangos,
pues seguro que habrá lugar.

Si eliges bien las canciones,
estarás en condiciones
de lo que ahora acontece,
es decir, de huevos trece,
cogerás doce, no más
y muy bien los batirás
como para hacer tortilla.
Cuando el arroz ya tengamos,
que puedas comerlo, pero
tenga el corazón entero
y no te apetezca aún,
será el momento estelar
que los huevos has de echar
por encima del arroz,
colocándolo en el horno
con esmero y atención,
ya que puede suceder
que el huevo se vaya al fondo
y no vuelva a aparecer,
con lo que el Arroz con Costra,
será cualquier otra cosa,
no me pregunte usted qué.

Amiga Betty, disculpa
si no te di cantidades,
que yo en lo privado no entro
y aún no sé en este momento,
cuántos son los comensales
que habitan en tu convento.

Esperando que tengáis
una buena digestión,
se despide de una vez
tu amiga María Asunción.


(Obtuve la fotografía en www.eselx.com).

lunes, 17 de noviembre de 2008

Historias de otras tierras



Por BETTY OREGGIA

Se trata de leyendas que se van creando a través de los acontecimientos vividos por los pueblos, esos aborígenes que poblaron el suelo, de cuya civilización sólo nos quedan las pocas cosas que se pudieron rescatar del olvido, de lo que quedó después de la conquista, pero que dejaron sus huellas en la tierra misma, una de estas muestras son las leyendas, que como se sabe tienen parte de realidad y de fantasía, así nació la leyenda del ceibo, cuya flor es flor Nacional de la República Argentina y del hermano Uruguay, el árbol del ceibo nos brinda unas hermosas flores, muy rojas, que alegran la vista de cualquier observador, por si acaso les gusta, aquí se las cuento.....

LEYENDA DEL CEIBO

Cuenta la leyenda que en las riberas del Paraná, vivía una indiecita fea, de rasgos toscos, llamada Anahí. Era fea, pero en las tardecitas veraniegas deleitaba a toda la gente de su tribu guaraní con sus canciones inspiradas en sus dioses y el amor a la tierra de la que eran dueños... Pero llegaron los invasores, esos valientes, atrevidos y aguerridos seres de piel blanca, que arrasaron las tribus y les arrebataron las tierras, los ídolos, y su libertad.

Anahí fue llevada cautiva junto con otros indígenas. Pasó muchos días llorando y muchas noches en vigilia, hasta que un día en que el sueño venció a su centinela, la indiecita logró escapar, pero al hacerlo, el centinela despertó, y ella, para lograr su objetivo, hundió un puñal en el pecho de su guardián, y huyó rápidamente a la selva.

El grito del moribundo carcelero, despertó a los otros españoles, que salieron en una persecución que se convirtió en cacería de la pobre Anahí, quien al rato, fue alcanzada por los conquistadores. Éstos, en venganza por la muerte del guardián, le impusieron como castigo la muerte en la hoguera.

La ataron a un árbol e iniciaron el fuego, que parecía no querer alargar sus llamas hacia la doncella indígena, que sin murmurar palabra, sufría en silencio, con su cabeza inclinada hacia un costado. Y cuando el fuego comenzó a subir, Anahí se fue convirtiendo en árbol, identificándose con la planta en un asombroso milagro.
Al siguiente amanecer, los soldados se encontraron ante el espectáculo de un hermoso árbol de verdes hojas relucientes, y flores rojas aterciopeladas, que se mostraba en todo su esplendor, como el símbolo de valentía y fortaleza ante el sufrimiento.

Se dice que el rojo intenso de la flor, refleja la sangre de Anahí.

martes, 11 de noviembre de 2008

José Agustín Goytisolo


No recuerdo exactamente en qué año fue. El 197... y algunos. Un grupo formado por intelectuales, políticos y gente con inquietudes, decidió realizar un homenaje a nuestro "poeta maldito" Miguel Hernández (maldito y prohibido por el régimen franquista). El acto que mejor recuerdo, de aquel homenaje, tuvo lugar el Elche, junto al barrio de San Antón. Allí se formaron dos manifestaciones: la más numerosa la componían, cogidos los unos a los otros por el brazo, las personas que reivindicaban pacíficamente el derecho a leer y a reconocer libremente un poeta que ya era reconocido y admirado fuera de nuestras fronteras. La otra, la más fuerte y violenta, estaba formada por la guardia civil y la policía, que intentaban impedir el avance de la razón. Hubo una carga brutal y nos golpearon, nos persiguieron y nos dispersaron sin contemplaciones. Algunos buscamos refugio en el interior de uno de los bares del barrio. En este bar, me sorprendió un ruido de golpes muy fuertes y gritos que procedían del cuarto de baño, mientras que el dueño del bar miraba hacia allí lleno de preocupación. Poco después quedó claro el motivo del escándalo: se trataba del poeta José Agustín Goytisolo, que, frustrado por el mal trato que había recibido, descargaba su rabia contra las paredes y las puertas. Cuando al fin salió, estaba lívido y fuera de sí, mientras quienes le conocían intentaban calmarle.

José Agustín Goytisolo nació en Barcelona el 13 de abril de 1928, en el seno de una familia burguesa. En su infancia tuvo problemas con el padre, que parecía sentirse amargado por la muerte de otro hijo anterior, por lo que se refugió más en el amor y la defensa que le mostraba su madre. Con el estallido de la guerra civil, todo dio un quiebro en su vida. El padre fue detenido y más tarde perdió la vista; la madre murió en el transcurso de un bombardeo, acentuándose así el desamparo de José Agustín y de sus hermanos.

Cuando llegó a Elche, a la manifestación donde fue golpeado, ya era un poeta famoso. Paco Ibáñez, con sus canciones, había popularizado algunos de sus poemas. Desde hacía años, había ganado prestigiosos premios de poesía: 1954, Adonais. 1956, Boscán. 1959, Ausias March. El recuerdo de Julia Gay -su madre- prevaleció siempre en él. Cuando nació su hija, la llamó Julia y, más tarde, en uno de sus más famosos poemas, que luego cantaría Paco Ibáñez -Palabras para Julia- parece unir en amor a las dos mujeres.

Palabras para Julia

"Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable,
hija mía es mejor vivir con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido,
yo se muy bien que te dirán que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado,
entonces siempre acuérdate de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.

Un hombre solo
una mujer
así tomados de uno en uno
son como polvo
no son nada,
pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otros hombres,
tu destino está en los demás,
tu futuro es tu propia vida,
tu dignidad es la de todos,
entonces siempre acuérdate de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino,
nunca digas no puedo más y aquí me quedo,
la vida es bella
tú verás como a pesar de los pesares
tendrás amor
tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es será todo tu patrimonio,
perdóname no sé decirte nada más,
pero tú comprende que yo aún estoy en el camino,
y siempre siempre acuérdate de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso
".

Hombre vitalista, acostumbrado a afrontar la vida sin complejos mientras se sintió fuerte, parece que, al final, la vida pudo con él. Después de algunas depresiones, cerró voluntariamente su ciclo arrojándose desde el balcón de su casa el 19 de marzo de 1999. Al día siguiente, impresionado y dolido al conocer la noticia, me atreví, con mi torpe aliño poético, a dedicarle estos versos:

NO SE QUEBRÓ TU VOZ

No se quebró tu voz.

Aunque tu cuerpo
se haya roto contra el suelo
y de pasión, sueños y amor
quedó vacío...

No.
No se quebró tu voz.

Aunque tu boca,
ya sellada para siempre,
se acoja al privilegio
del silencio...

No.
No se quebró tu voz.

Elegiste ser libre ese momento
y apagaste las luces de tu vida.
Dejaste al mundo herido con tu herida
y huérfano de ti...

Pero tu voz quedó.

Y quedó para siempre
entre nosotros
como la herencia
que nos has legado.

Van con ella tus sueños,
tus anhelos,
tus vivencias, tu amor,
tus desventuras...

Sólo tú ya no estás,
aunque sigues estando,
pues no muere un poeta
cuando deja su voz.

Tu cuerpo ya se ha roto,
mas en tan duro empeño,
no,
no se quebró tu voz.

martes, 28 de octubre de 2008

Gustavo Adolfo Bécquer

Dentro de las habituales contradicciones de nuestro modo de ser, unas veces asumimos la ternura y el romanticismo como un sentimiento ideal; otras veces parece que nos avergonzamos de ello, como si fuera esto una muestra de debilidad o un sentimiento viejo y trasnochado. Es cierto, sin embargo, que el romanticismo existe y que tal vez sea uno de los sentimientos más nobles que podemos experimentar. Gracias a él, idealizamos a la persona amada y nos sentimos completamente integrados a ella. Si el amor romántico es puro y correspondido, eleva el alma hasta cotas antes insospechadas y, por supuesto, hace aflorar las virtudes del mismo modo que ayuda a superar otras carencias. El mundo, en estas condiciones es más amable, más amenos, más soportable. Es, sin duda, mejor.

Para expresar este sentimiento con palabras -si es que con palabras se pueden expresar los sentimientos- nadie hay mejor que los poetas. Sólo ellos, con sus metáforas, son capaces de hallar la palabra exacta que exprese amor -o desamor-. Entre otros, Alberti y Neruda han dejado un amplio bagaje de poesía romántica. Pero creo que nadie ha profundizado tanto en el sentimiento más puro, como Gustavo Adolfo Bécquer. Un poeta de vida corta (34 años) cuyos versos nos han acompañado siempre en los momentos más dulces de nuestra adolescencia y que siguen estando presentes cada vez que un sentimiento de ternura nos afecta.

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquéllas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquéllas que aprendieron nuestros nombres...
ésas... ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.

Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
ésas... ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido... desengáñate,
nadie así te amará.

Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, conocido como Gustavo Adolfo Bécquer, nació en Sevilla el 17 de Febrero de 1836 y murió en Madrid el 22 de Diciembre de 1870. Aunque lo que más conocemos de él son sus rimas, su producción literaria abarca muchas otras facetas: escribió en revistas, publicó libros y escribió, así mismo, comedias e incluso alguna zarzuela. Su vida fue azarosa y, como hemos dicho, corta, demasiado corta. En Wikipedia, de donde he sacado la fotografía, puede verse una buena biografia, para quien tenga la curiosidad de conocerle mejor. Creo que merece la pena.

martes, 14 de octubre de 2008

VOLVER



Falta justamente una semana para que nos reincorporemos a la universidad. Otra vez, la imagen del poeta, con los brazos abiertos y "alto de mirar a las palmeras", nos va a recibir y a brindarnos la posibilidad de acceder hacia caminos de cultura, de convivencia y de amistad. Quienes iniciamos el segundo curso -por lo que yo sé y por lo que yo siento- estoy seguro de que lo haremos con un talante diferente al año anterior. Ahora ya nos conocemos todos. Los fantasmas de la timidez y el miedo, que son alimentados por el desconocimiento del medio, han desaparecido. A la experiencia de nuestros años de vida, hemos de añadirle la experiencia acumulada en el curso anterior. A lo aprendido en las diferentes clases y seminarios, es necesario añadir el magnífico resultado que para un gran número de nosotros supuso el recital de poesías "Me llamo barro", en el que, además de conocer mejor a Miguel Hernández -nuestro poeta- nos conocimos mejor a nosotros mismos, supimos que éramos capaces de hacer "algo más" y -sobre todo- no marcamos un límite, sino un inicio. De tal modo que este año llegamos ansiosos por continuar, por seguir avanzando. Y esperanzados en que la entidad -"nuestra" universidad- nos siga abriendo puertas en todos los sentidos, ya que nosotros estamos dispuestos a entrar por ellas.

Volvemos también con una pequeña -o no tan pequeña- preocupación. Sabemos que aún podemos ser útiles a la sociedad en muchos aspectos. Por eso, no acabamos de entender que se nos ofrezca un caramelo en forma de curso que sólo dura dos años de ocho meses y que luego queda en poco menos de nada. La institución debería plantearse este problema. Mientras las Aulas de la Experiencia están activas, se aprovecha a sus integrantes para que, con su presencia, apoyen otros eventos -importantes, sin duda- de los que los estudiantes jóvenes parecen huir, a pesar de los créditos que se les ofrecen a cambio de su asistencia. Y es que "los estudiantes" de las Aulas de la Experiencia acudimos con hambre de aprender y vocación de servir. No es de recibo que se nos diga que podemos empezar de nuevo el curso tantas veces como sea necesario. No vamos a la universidad para "estar". Los cursos deberían ser más extensos y con otros objetivos. Y, al resto de actividades, entre las que incluimos nuestros recitales, habría que darles la importancia y el apoyo que requieren y -sobre todo- garantizar su continuidad.

Con nuestras inquietudes y nuestras esperanzas, el próximo martes, 21 de octubre, volvemos a la universidad, donde todavía, en los pasillos y en las aulas, podrán oírse los ecos de nuestras voces -tal vez inseguras, al ser nuestra primera vez- recordando los versos que escribió Miguel Hernández, el poeta que da nombre y prestigio a nuestra universidad:

Por una senda van los hortelanos,
que es la sagrada hora del regreso,
con la sangre injuriada por el peso
de inviernos, primaveras y veranos.

Vienen de los esfuerzos sobrehumanos
y van a la canción, y van al beso,
y van dejando por el aire impreso
un olor de herramientas y de manos.

Por otra senda yo, por otra senda
que no conduce al beso aunque es la hora,
sino que merodea sin destino.

Bajo su frente trágica y tremenda,
un toro solo en la ribera llora
olvidando que es toro y masculino.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Carlos Cano


Granada, 28 de enero de 1946 - 19 de diciembre de 2000.

Aunque las personas tenemos la facultad de expresar lo que sentimos ante cualquier situación, lo cierto es que, en general, casi siempre en nuestra opinión se refleja nuestro origen, esas raíces que nos vienen dadas por la historia que nuestros antepasados nos legaron y de la que hemos pasado a formar parte. Todo esto salvo excepciones, que también las hay. En este sentido, Carlos Cano fue un hombre como los que a mí me gustan: consecuente con sus orígenes. Y fue, por esto mismo, un poeta como los que a mí me gustan -independientemente de la calidad de su poesía-: todo emoción, todo militancia, todo entrega a un sueño de Paz y Libertad y Cultura. Y además, desprovisto de esa carga de dependencia que supone tener el carnet de un partido político.

"Ser andaluz, es una manera de vivir, más que una forma de ser", manifestó para describir su propia ideología. Cultivó estilos tradicionales, como el fado, pero, fundamentalmente, la copla andaluza, a la que situó en la modernidad librándola de su apropiación por el franquismo. Pensaba que la fe en la copla mueve montañas, y a esta tarea se entregó en cuerpo y alma... hasta que el cuerpo le falló y quedó varado poco antes de la Navidad del año 2000.

Fue emigrante en su juventud, ganándose la vida como mozo de hotel en Suiza, trabajando en Alemania en la imprenta del Der Spiegel, como marinero en el puerto de Rotterdam, y como albañil en Barcelona. Optó por ser cantante mientras estudiaba en la universidad. Animado por Lluís Llach y Enrique Morente comenzó a cantar en la universidad con voz trémula y memoria republicana, alimentada por el recuerdo de su abuelo, que fue fusilado al final de la guerra civil.

En 1972, invitado por la UNESCO, participa en un homenaje a Federico García Lorca, que se celebró en París. Por su asistencia a este acto, el entonces alcalde de Madrid, Carlos Arias Navarro (también conocido como el carnicero de Málaga) le declaró "persona non grata".

Además de la copla andaluza que siempre defendió y dignificó, Carlos Cano supo situarse siempre en defensa de la libertad y junto a los más débiles. Su postura fue clara, sin ambages, expresada siempre con esa libertad crítica que otorga el ser consecuente con una ideología que no se alinea con ningún partido, que no se hipoteca por un voto o por una ambición de poder. Y escribió y cantó canciones como este "Tango de las Madres Locas", que dedicó a las Madres que, en Buenos Aires, salían cada jueves a reivindicar que les devolvieran a sus hijos, secuestrados y desparecidos por la dictadura militar. "Con vida se los llevaron, y con vida los queremos".

(La fotografía y algunos datos biográficos, los he obtenido de: http://www.audiokat.com/, así como de Wikipedia).

TANGO DE LAS MADRES LOCAS

Todos los jueves del año
a las once la mañana,
junto a la Plaza de Mayo,
con lluvia frío o calor,
te esperaré vida mía
frente a la Casa Rosada,
la espina de tu mirada
clavada en mi corazón.


Me dicen que no te fuiste,
mi bien, que te desaparecieron,
que te vieron en la cuneta,
cantando el «Yira» de Carlos Gardel,
que de pronto te esfumaste,
que te borraron del mapa,
que ni siquiera naciste,
que medio loca mamá te inventó.


Con Malvinas o sin Malvinas
grito tu nombre por las esquinas
mientras que los generales
se dan al tango por los portales.
Tango de las madres locas.
Coplas de amor y silencio.
Con vida se los llevaron
y con vida los queremos.


Con Malvinas o sin Malvinas.
¿Dónde está Pedro? ¿Dónde está Lydia?
Con Malvinas o sin Malvinas
grito tu nombre por las esquinas.


Cada vez que dicen: patria,
pienso en el pueblo y me pongo a temblar
en las miserias que vienen
y en los fantasmas de la soledad.
Petronila, ¿qué te hicieron?
¡qué mala cara tenés!
-La que me dejó Videla
-A mí Galtieri, ya ves...


Con Malvinas o sin Malvinas
grito tu nombre por las esquinas
mientras que los generales
se dan al tango por los portales.
Tango de las madres locas.
Coplas de amor y silencio.
Con vida se los llevaron
y con vida los queremos.

martes, 26 de agosto de 2008

Hablemos de José Hernández


Por BETTY OREGGIA

"Por asimilación, sinó por la cuna, soy hijo de gaucho, hermano de gaucho, y he sido gaucho. He vivido años en campamentos, en los desiertos y en los bosques, viéndolos padecer, pelear y morir; abnegados, sufridos, humildes, desinteresados y heroicos".
(José Hernández, 1881).

Había una vez, un día……..y así como en los cuentos, comencé a vivir una hermosa experiencia, la de concurrir a Las Aulas de la Experiencia en la UMH, era una materia pendiente, de esas que te quedan en la vida, después de mucho andar, llegué con curiosidad, ansiedad, un poco de todo, y de a poco, fui insertándome en un grupo al que hoy no quisiera dejar de compartir nunca, lo mejor comenzó cuando se dicidió intentar hacer el homenaje a Miguel Hernández, allí hubo más cohesión de grupo.

Y ahora resulta que tenemos un blog, donde poder expresarnos, compartir lo que queramos, seguir juntos de alguna manera, leer los textos hechos por compañeros, me fue gratificante, descubrir potencialidades en ellos, lo es más aún….como dice la mamá de Forest en su película: “la vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te toca”, y… a mí, con esto que les cuento me tocó el bombón, de los que me gusta.

Para intervenir en este el blog del grupo Luná, como me agrada llamarlo, elegí algo de mi patria, Argentina, así hacemos un poco de intercambio, se trata de un escritor, nacido en Buenos Aires, poeta, político, pensador, recopilador de la sabiduría popular, periodista: José Hernández, cuya mejor obra fue MARTIN FIERRO, considerado la mayor expresión de la literatura argentina; así como en España está El Quijote, libro que es motivo de estudios en las escuelas de mi tierra.
José Hernández cuenta en su libro la vida del gaucho de las pampas, sus penurias, su sacrificio, la sabiduría que va adquieriendo de la vida misma, así nacen unos los sabios consejos que les hace a sus hijos, los cuales paso a transcribir.

CONSEJOS DE MARTIN FIERRO A SUS HIJOS

Un padre que da consejos,
Más que padre es un amigo.
Ansí, como tal les digo
Que vivan con precaución:
Naides sabe en qué rincón
Se oculta el que es su enemigo.

Yo nunca tuve otra escuela
Que una vida desgraciada.
No estrañen si en la jugada
Alguna vez me equivoco,
Pues debe saber muy poco
Aquel que no aprendió nada.

Hay hombres que de su cencia
Tienen la cabeza llena;
Hay sabios de todas menas
Mas digo, sin ser muy ducho:
Es mejor que aprender mucho
El aprender cosas buenas.

No aprovechan los trabajos
Si no han de enseñarnos nada.
El hombre, de una mirada
Todo ha de verlo al momento.
El primer conocimiento
Es conocer cuándo enfada.

Su esperanza no la cifren
Nunca en corazón alguno,
En el mayor infortunio
Pongan su confianza en Dios;
De los hombres, sólo en uno;
Con gran precaución, en dos.

Las faltas no tienen límites

Como tienen los terrenos;
Se encuentran en los más buenos,
Y es justo que les prevenga.
Aquel que defectos tenga,
Disimule los agenos.

Al que es amigo, jamás
Lo dejen en la estacada
Pero no le pidan nada
Ni lo aguarden todo de él:
Siempre el amigo más fiel
Es una conduta honrada.

Ni el miedo, ni la codicia
Es bueno que a uno lo asalten;
Ansí no se sobresalten
Por los bienes que perezcan.
Al rico nunca le ofrezcan
Y al pobre jamás le falten.

Bien lo pasa hasta entre pampas

El que respeta a la gente.
El hombre ha de ser prudente
Para librarse de enojos;
Cauteloso entre los flojos,
Moderao entre valientes.

El trabajar es la ley
Porque es preciso alquirir.
No se espongan a sufrir
Una triste situación:
Sangra mucho el corazón
Del que tiene que pedir.

Debe trabajar el hombre
Para ganarse su pan,
Pues la miseria, en su afán
De perseguir de mil modos,
Llama en la puerta de todos
Y entra en la del haragán.

A ningún hombre amenacen,
Porque naides se acobarda;
Poco en conocerlo tarda
Quien amenaza imprudente;
Que hay un peligro presente
Y otro peligro se aguarda.

Para vencer un peligro,
Salvar de cualquier abismo,
Por esperencia lo afirmo:
Más que el sable y que la lanza
Suele servir la confianza
Que el hombre tiene en sí mismo.

Nace el hombre con la astucia

Que ha de servirle de gula;
Sin ella sucumbiría;
Pero, sigún mi esperencia,
Se vuelve en unos prudencia
Y en los otros picardía.

Aprovecha la ocasión
El hombre que es diligente;
Y tenganló bien presente,
Si al compararla no yerro:
La ocasión es como el fierro,
Se ha de machacar caliente.

Muchas cosas pierde el hombre
Que a veces las vuelve a hallar;
Pero les debo enseñar,
Y es bueno que lo recuerden:
Si la vergüenza se pierde,
Jamás se vuelve a encontrar.

Los hermanos sean unidos,
Porque ésa es la ley primera;
Tengan unión verdadera
En cualquier tiempo que sea,
Porque si entre ellos pelean
Los devoran los de ajuera.

Respeten a los ancianos,
El burlarlos no es hazaña;
Si andan entre gente estraña
Deben ser muy precabidos,
Pues por igual es tenido
Quien con malos se acompaña.

La cigüeña, cuando es vieja,

Pierde la vista, y procuran
Cuidarla en su edá madura
Todas sus hijas pequeñas.
Apriendan de las cigüeñas
Este ejemplo de ternura.

Si les hacen una ofensa,
Aunque la echen en olvido,
Vivan siempre prevenidos,
Pues ciertamente sucede
Que hablará muy mal de ustedes
Aquel que los ha ofendido.

El que obedeciendo vive
Nunca tiene suerte blanda;
Mas con su soberbia agranda
El rigor en que padece.
Obedezca el que obedece
Y será bueno el que manda.

Procuren de no perder

Ni el tiempo ni la vergüenza;
Como todo hombre que piensa
Procedan siempre con juicio,
Y sepan que ningún vicio
Acaba donde comienza.

Ave de pico encorvado,
Le tiene al robo afición;
Pero el hombre de razón
No roba jamás un cobre,
Pues no es vergüenza ser pobre
Y es vergüenza ser ladrón.

El hombre no mate al hombre
Ni pelee por fantasía .
Tiene en la desgracia mía
Un espejo en que mirarse.
Saber el hombre guardarse
Es la gran sabiduría.

La sangre que se redama
No se olvida hasta la muerte.
La impresión es de tal suerte,
Que a mi pesar, no lo niego,
Cai como gotas de fuego
En la alma del que la vierte.

Es siempre, en toda ocasión
El trago el pior enemigo.
Con cariño se los digo,
Recuerdenló con cuidado:
Aquel que ofiende embriagado
Merece doble castigo.

Si se arma algún revolutis
Siempre han de ser los primeros;
No se muestren altaneros
Aunque la razón les sobre;
En la barba de los pobres
Aprienden pa ser barberos.

Si entregan su corazón
A alguna muger querida,
No le hagan una partida
Que la ofienda a la muger:
Siempre los ha de perder
Una muger ofendida.

Procuren, si son cantores,
El cantar con sentimiento,
No tiemplen el estrumento
Por sólo el gusto de hablar,
acostúmbrense a cantar
En cosas de jundamento.

Y les doy estos consejos

Que me ha costado alquirirlos,
Porque deseo dirijirlos;
Pero no alcanza mi cencia
Hasta darles la prudencia
Que precisan pa seguirlos.

Estas cosas y otras muchas
Medité en mil soledades;
Sepan que no hay falsedades
Ni error en estos consejos:
Es de la boca del viejo
De ande salen las verdades.